Reflujo gastro-esofágico

Reflujo gastro-esofágico

El ácido del estómago: un tigre dentro de una jaula

Dr. Fermín Mearin

Dr. Fermín Mearin

Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

Reflujo gastro-esofágico

El ácido gástrico

El ácido del estómago es ácido clorhídrico. Mucho más fuerte y corrosivo que la mayoría de ácidos que conocemos y utilizamos habitualmente. Gracias a estas características es capaz de digerir los alimentos, incluidos algunos tan difíciles como la carne. Por suerte, las paredes del estómago están preparadas para el contacto – casi permanente – con el ácido, y no lesionarse, o autodigerirse.   Sin embargo, la mucosa del esófago sí que sufre, tanto en términos de inflamación como de síntomas, cuando el ácido gástrico refluye.

Reflujo gastroesofágico

El ardor de estómago, o la sensación de que el ácido sube por el esófago, es un síntoma muy frecuente. Hay estudios realizados en España que demuestran que hasta el 10 % de las personas tiene ardor al menos una vez por semana.

¿Y ese ardor, o esa acidez, que sube por el esófago se debe a la hernia de hiato? “Hay mucha gente que tiene hernia de hiato”. Pues aquí merece la pena aclarar algunos conceptos. La hernia de hiato consiste en que la parte superior del estómago “se cuela” a través del agujero del diafragma y queda dentro del tórax. La importancia de la hernia depende de su tamaño y de si produce o no síntomas. Las hernias de hiato pequeñas, menores de 2 cm.,  frecuentemente no producen ninguna molestia. Hernias más grandes sí que pueden producir síntomas.

¿Cuáles son las diferencias entre enfermedad por reflujo gastroesofágico, esofagitis y hernia de hiato?

El término enfermedad por reflujo gastroesofágico (o ERGE) expresa un concepto clínico y puede definirse como los síntomas y/o lesiones producidas por el reflujo del contenido gástrico hacia el esófago. El término esofagitis expresa un concepto patológico y alude a la inflamación del esófago producida por el reflujo; es importante recodar aquí que ni todos los pacientes con esofagitis tienen ERGE (hay otras causas) ni todos los pacientes con ERGE tienen esofagitis (la ERGE no ha sido tan intensa como para inflamar el esófago). Finalmente, el término hernia de hiato expresa un concepto anatómico que señala la protrusión de una parte del estómago hacia el tórax, sin que ello necesariamente implique que el paciente tenga síntomas, lesiones, ni siquiera un reflujo excesivo. De hecho, lo que produce el reflujo, y el ardor, no es este cambio anatómico si no el hecho de que la válvula existente entre el esófago y el estómago (en el capítulo que habla de anatomía ya hemos dicho que es un esfínter y que se llama cardias) se afloja, pierde su presión, y permite el paso del ácido gástrico al esófago.

Curiosamente, a veces la presión de este esfínter es normal y aun así hay reflujo. Lo que ocurre es que esta válvula se relaja (se abre) en momentos no adecuados y este hecho permite que el contenido del estómago pase hacia el esófago con las consiguientes molestias.

Reflujo gastro-esofágico

El cardias es una válvula localizada entre el esófago y el estómago.

Su función es impedir el reflujo del contenido gástrico al esófago, pero permitir que los alimentos pasen normalmente desde el esófago al estómago.

¿Es posible tener síntomas de ERGE y que la endoscopia sea normal?

Otro hecho curioso de la ERGE es que no hay una buena correlación entre los síntomas que tiene el paciente y la inflamación que puede haber en el esófago. Por eso hay enfermos que se sorprenden: “No entiendo cómo la endoscopia es normal y no tengo nada en el esófago con las molestias intensas que yo tengo”. O por el contrario: “Me ha dicho el médico que tengo el esófago muy inflamado; pues a mi no me molesta mucho”. Esto se debe a que no todas las personas tienen la misma sensibilidad en su tubo digestivo y, por eso, responden de manera diferente a estímulos semejantes.

De hecho, en más de la mitad de los pacientes que tienen ardor (aunque sea frecuente) no se encuentra inflamación esofágica cuando se realiza la endoscopia.

Reflujo gastro-esofágico

En condiciones normales, el esfínter esofágico inferior impide el reflujo del contenido gástrico al esófago.

Cuando falla, se produce el reflujo gastroesofágico.

¿Puede la ERGE producir otros síntomas?

Además de los síntomas típicos (ardor y regurgitación) y las lesiones (esofagitis), la ERGE puede ser responsable de otros síntomas, considerados como atípicos. Estos síntomas pueden clasificarse en esofágicos y extraesofágicos. Entre los esofágicos hay que considerar la disfagia (dificultad para tragar), la odinofagia (dolor al tragar) y dolor torácico. Dentro de los extraesofágicos se incluyen diversas manifestaciones de las que se responsabiliza parcial o totalmente al reflujo: faringitis, tos seca persistente, disfonía, globo faríngeo, crisis de broncoespasmo, neumonías por aspiración y erosiones dentales.

Tengo ardor (acidez) ¿Tengo que hacerme una endoscopia?

La endoscopia es útil en la ERGE por dos motivos: 1. Diagnóstico: evalúa las lesiones esofágicas y descarta otras patologías digestivas; 2. Pronóstico: la presencia y severidad de las lesiones esofágicas es el único dato con valor pronóstico en la ERGE. En general, es la primera exploración a considerar en pacientes con ERGE: inicialmente cuando existen dudas para realizar un diagnóstico clínico y, prácticamente en todos los pacientes con síntomas de reflujo recidivantes y crónicos.

No se ha demostrado que sea necesario comprobar endoscópicamente las siguientes recidivas, ya que la relación de la recidiva clínica con la recidiva endoscópica en pacientes ya diagnosticados de esofagitis es muy alta.

Tratamiento de la ERGE

El tratamiento de la ERGE se persigue un triple objetivo: 1. Control de los síntomas; 2. Curación de la inflamación (si la hay); y 3. Prevención de la recidiva y de las complicaciones.

Aunque la terapia óptima debería cumplir todas estas premisas, no todos los tratamientos disponibles logran el cumplimiento de estos objetivos en todos los pacientes. Se detallan las más importantes:

  1. Dieta y medidas físicas: Incluyen una serie de consejos que los médicos recomiendan frecuentemente, aunque en su mayoría tienen un carácter empírico sin evidencias científicas contundentes. Por tanto, parece razonable no ser excesivamente tajante en las restricciones dietéticas y sólo recurrir a las mismas en subgrupos de pacientes en los que hay una clara relación entre la aparición de síntomas y el aumento de peso o la ingesta de determinados alimentos. Elevar la cabecera de la cama, realizar cenas ligeras, o evitar acostarse tras la ingesta puede ser especialmente útil en sujetos con reflujo de predominio nocturno.
  2. Fármacos:

* Antiácidos y alginatos: Actúan neutralizando el ácido gástrico y creando un efecto barrera entre el contenido refluído y la mucosa del esófago. Son menos eficaces que los antisecretores, y su indicación es para el control sintomático en los casos leves en que el ardor ocurre de manera esporádica.

* Antisecretores: Dentro de este grupo de fármacos se incluyen los antagonistas de los receptores de la histamina 2 (anti-H2) y los inhibidores de la bomba de protones (IBP). En general son fármacos seguros y eficaces.

  • AntiH2: Son útiles, aunque menos eficaces que los IBP en el control de los síntomas y en la curación de la esofagitis, así como en la prevención de recidivas y complicaciones. Están indicados en los casos de ERGE leves, o asociados a un IBP cuando existen síntomas nocturnos persistentes. Los más utilizados han sido ranitidina y famotidina. En este momento la ranitidina ha sido retirada del mercado debido a que contienen N-Nitrosodimetilamina (NDMA); por tanto, es famotidina el medicamento a utilizar en estos casos.
  • IBP: Son, por su eficacia, los fármacos más utilizados en el tratamiento de la ERGE, ya sea de forma ocasional o continua. Sus tasas de curación de la esofagitis son próximas al 90%, pero la resolución completa de los síntomas sólo se alcanza en el 60-70% de los casos. Las moléculas que constituyen este grupo, y las dosis estándar de las mismas son: omeprazol 20 mg/día, lansoprazol 30 mg/ día, rabeprazol 20 mg/ día, pantoprazol 40 mg/ día y esomeprazol 40 mg/ día. A pesar de haberse cuestionado su seguridad (sin evidencias científicas notables) y atribuirse diversos efectos secundarios (de dudosa magnitud y relevancia clínica) pueden considerarse como medicamentos muy fiables.

* Procinéticos (fármacos que mejoran los movimientos digestivos): Actúan estimulando los movimientos del estómago, ayudando a que vacíe mejor, e impidiendo el reflujo del ácido hacia el esófago; además aumentan moderadamente la presión del cardias (esfínter entre el esófago y el estómago). De manera individual no son muy eficaces; su mayor utilidad es en combinación con IBPs, en especial cuando a la ERGFE se le asocia dispepsia. Entre los procinéticos se encuentran: cinitaprida, cleboprida, metoclopramida, domperidona y levosulpirida.

¿Me puedo operar del reflujo y así no tener que tomar medicinas?

La cirugía es una opción en los pacientes con ERGE que tienen síntomas frecuentes e intensos que alteran su calidad de vida.  Su efectividad es similar al tratamiento médico en términos de control sintomático, de curación de esofagitis, y de mejoría de calidad de vida. Actualmente se realiza mediante laparoscopia.

No obstante, algunos pacientes (10-20%) padecen ciertos efectos adversos tras operarse: disfagia (dificultad para tragar), imposibilidad para eructar o vomitar, saciedad precoz, diarrea, etc. Además, en algunos hospitales, al cabo de 5 años, el 50% de los pacientes requieren tomar nuevamente fármacos antisecretores. Por estos motivos es fundamental que, antes de operarse, se den estas circunstancias: el paciente adecuado, las pruebas necesarias (imprescindible endoscopia, manometría esofágica y pHmetría) y el cirujano experto.

Las indicaciones más frecuentes de tratamiento quirúrgico de la ERGE son:

  • Pacientes jóvenes con buena respuesta sintomática al tratamiento farmacológico pero que, o bien prefieren la cirugía a la opción de un tratamiento médico crónico, o son intolerantes a éste.
  • Síntomas persistentes debidos a regurgitación, y especialmente si aparecen complicaciones respiratorias.

¿Es verdad que se puede operar el reflujo con endoscopia?

Para el tratamiento de ERGE se han ensayado distintas técnicas endoscópicas, unas intentando realizar algo semejante a lo que se hace con la cirugía convencional (plicaturas y suturas), y otras intentado disminuir el calibre la unión esófago-gástrica mediante radiofrecuencia, inyección de polímeros o colocación de prótesis expandibles. Ninguna ha obtenido resultados verdaderamente eficaces, sin que exista en la actualidad indicación terapéutica. Por tanto, este tipo de tratamiento debe considerase como experimental y debe restringirse a la realización de ensayos clínicos, a la espera de conseguir mejores resultados.

    Reflujo gastro-esofágico

    La esofagitis (inflamación del esófago) por reflujo gastroesofágico se clasifica, de menos a más, (de A a D) dependiendo del número y extensión de las lesiones observadas durante la endoscopia.

    Este es un blog informativo, que no pretende servir de foro interactivo. Lamentamos no poder incluir sus preguntas y comentarios, y responder a sus dudas. Espero que le sea útil y gracias por su colaboración.
    El tubo digestivo no se mueve a lo loco

    El tubo digestivo no se mueve a lo loco

    ¿Sabía que el estómago tiene un marcapasos?                                

    Dr. Fermín Mearin

    Dr. Fermín Mearin

    Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

    Probióticos

    ¡Qué listo es el corazón! ¡Qué bien se mueve! Pum-pum, pum-pum. De 60 a 80 pulsaciones por minuto. Sin equivocarse. Cada día, cada mes y cada año. Absolutamente increíble.

    Sin embargo, el tubo digestivo se mueve “a lo loco”. Triturando y mezclando los alimentos sin orden ni compás. Como una “termomix” desaforada. Y al final, para que todo termine en el váter.

    ¿Es esto cierto? No, no lo es. Pero incluso algunos especialistas en gastroenterología ni saben cuál es la coordinación electromecánica digestiva ni se han dado cuenta de lo apasionante que resulta. Debe ser que están pensando en otras cosas. ¿Quizá en hacer colonoscopias?

    Cómo se mueve el tubo digestivo

    La actividad motora del tubo digestivo es una función que se produce de forma ubicua, organizada y altamente especializada. A lo largo de todo el tracto digestivo es necesario que la motilidad se efectúe de una forma precisa para conseguir un adecuado funcionamiento. Como es natural, esta actividad motora no se produce al azar sino que está controlada por una serie de complejos mecanismos neurológicos, musculares, y hormonales. Este control no está presente sólo durante el periodo de la ingesta sino que también es fundamental para mantener una correcta actividad motora durante los periodos en que no se ingiere alimentos (motilidad interdigestiva). Así, los movimientos del esófago no sólo son importante para trasportar el bolo alimenticio desde la faringe hasta el estómago, sino que participa de una forma continua en mantener al esófago libre de residuos y del material refluido desde el estómago (especialmente el ácido).

    Lo mismo ocurre con el estómago y el intestino delgado, en que los que la actividad motora no sólo es la responsable de que los alimentos sean trasportados a lo largo de todo el tubo digestivo sino que, en una perfecta coordinación con los mecanismos de secreción y absorción, favorecen el adecuado procesamiento de los alimentos. Por su parte, el intestino grueso y el recto son los encargados del almacenamiento y excreción del material fecal.

    Los movimientos del esófago (mucho más que un simple tubo)

    En el momento de la ingesta se produce la contracción peristáltica, ordenada y coordinada, del esófago, que se acompaña de la relajación del esfínter inferior (cardias); este proceso permite que el bolo alimenticio llegue al estómago en aproximadamente 7-10 segundos. Pero la actividad motora esofágica no es sólo importante en el momento de la deglución sino que también participa en el vaciamiento esofágico del material refluido desde el estómago.

    Por su parte, el cardias debe mantenerse contraído de forma permanente (a excepción de los en los momentos en que se produce la deglución) para impedir el reflujo gastroesofágico. Las relajaciones del esfínter que no están relacionadas con episodios de deglución, llamadas relajaciones transitorias, pueden ocasionar episodios de reflujo.

    Los movimientos del estómago (el marcapasos gástrico)

     Las características electrofisiológicas y mecánicas de la parte superior del estómago (fundus gástrico) y de la parte inferior (antro gástrico) son completamente distintas). El fundus tiene como función primordial recibir y almacenar los alimentos. Para ello posee la capacidad de relajarse en el momento de la ingesta (fenómeno de acomodación). Cuando falla esta propiedad se producen síntomas como dolor abdominal por distensión o saciedad precoz. Una vez la comida ya está en marcha los alimentos van pasando de una parte del estómago a otra.

    La parte distal del estómago se contrae con movimientos fuertes y rápidos con el objetivo de triturar y vaciar los alimentos sólidos. Las contracciones de la parte inferior gástrica son de tipo peristáltico para poder impulsar el contenido hacia el píloro. Con la contracción antral el píloro también se contrae de forma que los alimentos quedan comprimidos en la parte distal del antro, y solo una pequeña parte pasa al duodeno. De esta forma se produce la trituración, mezcla y filtrado de los alimentos sólidos. Cuando el píloro se abre suficientemente deja pasar el contenido del estómago al duodeno.

    El que determina el ritmo al que se contrae el estómago es el marcapasos gástrico; sí, no sólo el corazón tiene un marcapasos. De tal forma, y gracias a este control eléctrico natural, el estómago se contrae unas 3-4 veces por minuto. ¿Y a que tampoco sabían que los movimientos del estómago pueden alterarse porque el ritmo eléctrico gástrico sea patológico? Pues sí, cuando el estómago va demasiado rápido es que existe una taquigastria y cuando va excesivamente lento es una bradigastria. Lo mismo que en el corazón pero cambiando “cardia” por “gastria”. De hecho, el rimo eléctrico del estómago se puede medir mediante un electrogastrograma, aunque esta técnica se ha utilizado más en investigación y tiene poca utilidad clínica.

    El tubo digestivo no se mueve a lo loco

    La actividad eléctrica, y motora, se transmite a través de toda la extensión del tubo digestivo mediante una compleja red celular en las que intervienen de manera predominante las llamadas células intersticiales de Cajal, en honor al premio Nobel español.

    Los movimientos del intestino delgado (más marcapasos)

    El intestino delgado tiene varios marcapasos, que se van coordinado unos con otros. Su frecuencia va de mayor a menor, de arriba abajo, de forma que en el duodeno es de 11-12 ciclos por minuto y en el ileon de 7 ciclos por minuto. Pero el intestino no deja de moverse cuando no comemos. Si estamos en ayunas, en el periodo interdigestivo, el intestino delgado tiene unas contracciones que lo recorren en toda su longitud y que sirven para limpiar los restos de alimentos que han quedado dentro una vez terminada la digestión. Este proceso se repite cada 100 -120 minutos hasta que volvemos a comer.

    El intestino delgado tiene como función motora fundamental la de controlar el tránsito del bolo alimenticio para, así, facilitar una digestión y absorción óptimas. En el intestino delgado pueden producirse dos tipos de contracciones: segmentarias y peristálticas. La contracción segmentaria es aquella localizada en un determinado punto y cuya función es la de dividir y mezclar el contenido intestinal, pero sin producir transporte del bolo. La contracción peristáltica es debida a la actividad contráctil ordenada en sentido aboral de diferentes segmentos contiguos del intestino, produciendo la propulsión del contenido intraluminal.

      El tubo digestivo no se mueve a lo loco

      Los movimientos del colon (un caos sólo aparente)

      En el intestino grueso, el colon, hay un poco más de lío. Unos movimientos intestinales van hacia adelante, otros hacia atrás, otros tiene como única misión mezclar los excrementos que han llegado hasta allí. Así, cuando se examina la actividad eléctrica o mecánica del colon aquello parece un caos. Pero es un caos organizado en el que al final lo que se tiene que mover se mueve, lo que se tiene que absorber se absorbe y lo que tiene que salir, pues… eso!

      Los patrones de la motilidad del intestino grueso se conocen con menor precisión que los del esófago, el estómago o el intestino delgado. Esto es debido a que su actividad motora es más heterogénea, su relación temporal menos estable (no periódica) y sus mecanismos de control menos conocidos.

      Las contracciones colónicas, en general, se producen de una forma lenta y mantenida (tónica) al contrario de lo que ocurre en tramos más altos del tubo digestivo en que las contracciones son predominantemente de tipo fásico, es decir rápidas y transitorias. Estas contracciones tónicas en anillo no tienen capacidad peristáltica, y su misión parece ser la de actuar como freno a la propulsión colónica, retardando el tránsito del material fecal. Además, el aumento de presión que se produce en los segmentos intestinales «aislados» entre las diversas contracciones anulares favorece la absorción de agua.  

      De forma ocasional, entre 1-4 veces al día, se producen ondas peristálticas de hasta 200 mmHg que migran a una velocidad aproximada de 1 cm/seg a través de largos segmentos del colon. Son llamadas «contracciones migratorias gigantes» y son capaces de producir el desplazamiento del contenido colónico desde el colon transverso hasta el sigma o incluso el recto, y en ocasiones se siguen de la aparición del deseo defecatorio.

      Tras la ingesta la motilidad del colon aumenta. Por eso, algunos pacientes tienen que ir (o correr) al váter después de las comidas. Les sorprende “lo rápido que han hecho la digestión”, pero en realidad lo que están expulsando no es lo que acaban de comer sino lo que estaba almacenado en el colon – de ingestas previas – y que ahora se ha movido.

      Y al final, el recto (“salida”)

      El llenado del recto, rápido o lento, producido por la propulsión colónica se acompaña del deseo de defecar. Si en un determinado momento el acto de la defecación no es socialmente adecuado se produce la inhibición de los mecanismos defecatorios mediante la contracción voluntaria del esfínter anal. Si por el contrario, el estímulo defecatorio se presenta en un momento propicio se realiza la compresión abdominal, se induce la relajación del esfínter anal y se produce la expulsión fecal. De esta forma queda completado el ciclo digestivo-interdigestivo en el que la adecuada actividad motora de los distintos tramos del tubo digestivo contribuye a mantener la homeostasis del organismo.

      El tubo digestivo no se mueve a lo loco

      Conociendo ahora cómo se comportan nuestro tubo digestivo, lo complejo y lo preciso que es, lo extraño es que funcione tan bien a pesar de lo mal que nos portamos con él. Cómprese usted el mejor de los relojes suizos. Ya veremos si en 5 o 10 años sigue funcionando como al principio. Si no atrasa o adelante. Y lo peor: que se pare.

      Como la vida misma

      Hace ya unos cuantos años acudió a mi consulta un paciente que había leído en algún lado que yo era experto en las enfermedades relacionadas con trastornos de los movimientos intestinales. Yo, después de que nos presentásemos mutuamente y de algunas frases introsductorias, le pregunté solícito: “Cuénteme, ¿Qué es lo que lo que le ocurre?”. Me contestó, “Doctor, estoy desesperado porque se me mueve mucho el ano”. He atendido a miles y miles de pacientes, pero no entendí a que se refería. Él me contó que “constantemente el ano se le movía de arriba para abajo y de un lado a otro”. Yo, estupefacto, no supe que decir y le indiqué que se bajara pantalón y calzoncillo, y se tumbase en la camilla. Le exploré con máximo cuidado durante un tiempo prolongado para terminar diciendo: “Yo lo veo bien situado y no aprecio que se mueva”. El paciente, muy digno, se levantó, me miró, y me dijo: “pues no es usted tan bueno como dicen”.

      Me quedé con cara de tonto, pero juro no haber visto, ni entonces, ni antes, ni después un caso de “ano móvil”. 

      El tubo digestivo no se mueve a lo loco
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      Probióticos

      Probióticos

        Qué son, que hacen y para qué sirven

      Dr. Fermín Mearin

      Dr. Fermín Mearin

      Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

      Probióticos

      ¿Qué son los probióticos, los prebióticos y los simbióticos?

      El descubrimiento de la importancia de la microbiota en los estados de salud y de enfermedad ha contribuido a desarrollar estrategias que, modificándola, puedan ser de utilidad práctica. De aquí viene el interés científico,  clínico y comercial en desarrollar probióticos, prebióticos y simbióticos.

      La Organización Mundial de la Salud (OMS) define probiótico como aquellos microorganismos vivos que, al administrarse en cantidades adecuadas, confieren un beneficio a la salud del huésped. Los probióticos están presentes en diversos productos, incluyendo alimentos, medicamentos, y suplementos dietéticos. Los que se han utilizado más frecuentemente corresponden a especies bacterianas de Lactobacillus y Bifidobacterium, pero la levadura Saccharomyces cerevisiae y algunas especies de E. coli y Bacillus también son utilizados como probióticos.

      Desde hace muchísimos años, las bacterias que fermentan el ácido láctico, entre las que se encuentran fundamentalmente los Lactobacillus, han sido utilizadas para la conservación de alimentos; dichas bacterias, además de actuar como agentes fermentadores de alimentos, pueden tener efectos beneficiosos sobre la salud. No obstante, en términos estrictos, el término probiótico debe reservarse para los microbios vivos que han demostrado ser de utilidad en humanos en estudios científicos.

      Por otra parte, los prebióticos (con e) son sustancias alimenticias que tienen la capacidad de nutrir a ciertos microorganismos intestinales con supuesta acción beneficiosa. Los prebióticos más comunes son la oligofructosa, la inulina, los galacto-oligosacáridos, la lactulosa y los oligosacáridos de la leche materna. La oligofructosa está presente en muchos alimentos tales como el trigo, las cebollas, los plátanos, la miel, el ajo o el puerro. La lactulosa es un disacárido sintético utilizado principalmente para tratar el estreñimiento.

      Para explicarlo de una manera muy fácil: los probióticos son “bacterias buenas” para nuestro organismo y los prebióticos son “alimentos” que sirven para favorecer el crecimiento de bacterias con efectos beneficiosos. 

       A su vez, los simbióticos son combinaciones de probióticos y prebióticos.

      Los probióticos fueron descubiertos en 1908 por illia Metchnikoff.

      ¿Son todos los probióticos iguales?

      A ningún médico se le ocurriría decirle a un paciente “tómese un antibiótico para la infección”. ¿Para qué tipo de infección? ¿Qué antibiótico? ¿En qué dosis y durante cuánto tiempo? Sin embargo, son muchos los profesionales sanitarios cuya indicación genérica es: “tómese un probiótico”; “cualquiera, todos van muy bien”. ¿Cómo que todos van muy bien? De nuevo, ¿para qué, cuál prebiótico, en qué dosis y durante cuánto tiempo? No, no todos los probióticos son guales ni tienen las mismas indicaciones. Algunos ni siquiera son probióticos ya que los microorganismos no se conservan vivos en los preparados o llegan ya muertos al intestino. Otros no tienen los efectos beneficiosos que supuestamente se les atribuye, y en muchos casos no disponen de las evidencias científicas para su recomendación terapéutica.

      Desafortunadamente aún se pueda rotular a determinados productos como probióticos

      sin estar ni bien definidos ni con eficacia probada en estudios clínicos adecuadamente diseñados. Asimismo, se han documentado casos en los que los productos no cumplen con lo que se indica en sus etiquetas en relación con el número y tipo de microbios viables presentes, y sobre la cantidad que hay que consumir para que se obtenga un efecto beneficioso.

      Debe ser obligatorio que los fabricantes indiquen claramente en el etiquetado el género, especie y cepa de cada probiótico, así como el número de células viables de cada cepa probiótica que quedará al final de la vida útil. Actualmente, muchos probióticos no cumplen las condiciones anteriormente enumeradas.

      ¿Qué se le debe exigir a un probiótico para que sea eficaz?

      La demostración y aceptación de que determinados probióticos son útiles en el tratamiento de diversos trastornos revolucionó su mercado. Lamentablemente aparecieron decenas, centenares, miles de supuestos probióticos capaces de mejorías fascinantes en múltiples enfermedades. La mayoría no aportaban ningún aval científico, en muchos no había datos de su supervivencia en el intestino, y algunos ni siquiera contenían microorganismos. Por tanto, antes de tomar un probiótico hay que cerciorarse de que cumple unos criterios mínimos exigibles: 1. Estar claramente especificado el género y la cepa; 2. Contener las bacterias vivas; 3 Ser administrado en dosis adecuada hasta el final de su vida útil; 4. Haber demostrado ser eficaz en humanos mediante estudios controlados; y 5. Ser tolerables y seguros.

      La dosis de probióticos adecuada varía enormemente según el género y la cepa. Si bien muchos productos de venta libre proporcionan entre 1–10 mil millones de ufc/dosis, algunos probióticos han demostrado ser eficaces a niveles más bajos, mientras que otros requieren cantidades mucho mayores.

      ¿Hay datos de que los probióticos son útiles?

      Sí, cada vez hay más estudios que demuestran la eficacia de los probióticos en el tubo digestivo. Eso no quiere decir que sean imprescindibles o que tengamos que estar tomando probióticos todo el tiempo. Hay que servirse de ellos cuando es necesario. Por ejemplo, en el aparato digestivo se ha comprobado que son eficaces en casos de diarrea aguda bacteriana o inducida por antibióticos. Su uso debe extenderse a la prevención en aquellos pacientes con mala tolerancia (o episodios de diarrea previa) al tomar antibióticos.

      La utilidad de algunos probióticos también ha sido demostrada en el síndrome del intestino irritable y la distensión/hinchazón abdominal. En los casos de estreñimiento puede ser de cierto apoyo pero, en casos no leves, suele ser preciso añadir otros tratamientos.

        Beneficios de (algunos) probióticos en el tubo digestivo

         

        1. Efecto antibacteriano y antiviral
        2. Efecto antiinflamatorio en la mucosa intestinal

                    Inflamación  → alteración de motilidad y sensibilidad

        1. Modificaciones de la microbiota intestinal
        2. Cambios en el volumen/composición de las heces y gas
        3. Aumento de la secreción de moco
        Probióticos

        Bifidobacterium longum subsp. longum 35624

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        Los dichosos gases

        Los dichosos gases

        No te matan, pero te hacen la vida complicada

        Dr. Fermín Mearin

        Dr. Fermín Mearin

        Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

        Los dichosos gases

        Una de las quejas más frecuentes de los pacientes que acuden al médico especialista en aparato digestivo, o al médico general, son los gases. El acúmulo excesivo de gases en el intestino se puede producir por muchos y muy diversos mecanismos.

        Las molestias que produce el acúmulo de gases son fundamentalmente tres: 1. Hinchazón (o distensión) del abdomen; 2. Excesivos eructos; y 3. Excesivas ventosidades.  Debemos recordar aquí que tanto el eructo como la ventosidad son procesos normales; eso sí, cuando se producen en cantidad «normal» y en el lugar adecuado. (No quiero yo que, después de leer este libro alguno de ustedes me acuse de la pérdida de sus amistades).  

        ¿Por qué se producen los gases?

        A mí me gusta considerar a los gases intestinales más como un tema de contabilidad que como un problema médico. (?). Sí, vamos a hacer cuentas, ¿qué cantidad de gas se queda dentro del tubo digestivo? ¿Difícil? No, fácil: lo que entra menos lo que sale. Era “de Perogrullo” pero a usted no se le había ocurrido, ¿o sí?

        Bueno, sigamos: ¿pero qué es lo que entra? El gas digestivo proviene, por una parte, del gas que ingerimos con las comidas y con las bebidas. Hay alimentos que son especialmente flatulentos (flato viene del latin flatus, que quiere decir viento) tales como la lechuga, las judías blancas, los garbanzos, las coles, el repollo, etc. (si esto fuese una pregunta del 1, 2, 3, podríamos dar muchas más contestaciones entre usted y yo). Por otra parte, muchas bebidas contienen gas: refrescos, cava, cerveza, aguas minerales, etc.

         

        🙂 Ya, ya, pero yo ni como ni bebo esas cosas y continúo teniendo muchos gases ¿de dónde provienen?

         

        Es cierto que también hay una parte del gas intestinal que se produce en el propio tubo digestivo, durante la reacción de los ácidos del estómago con otras sustancias. Además, en determinadas enfermedades el intestino es incapaz de absorber algunos azúcares y se produce una cantidad importante de gas endógeno (que proviene del propio intestino). Este sería el caso de pacientes con enfermedad celiaca o con deficiencia para absorber la lactosa (productos lácteos) o con malabsorción de azúcares.

         

        🙂 Pero yo tampoco tomo esas cosa, entonces ….

         

        Aquí quería yo llegar: Probablemente la causa más frecuente de acúmulo de gas intestinal es la deglución excesiva de aire ¡Sí! La aerofagia, que significa tragar aire. Naturalmente esta deglución de aire se produce de forma inadvertida. Todos tragamos algo de aire al respirar, al hablar, al comer; pero hay verdaderos devoradores de aire. Se traga mucho más aire cuando se está nervioso, cuando se come excesivamente rápido, cuando se mastica mal o cuando se respira por la boca. Fumar, mascar chicle o comer golosinas incrementa enormemente la cantidad de aire acumulada.

        Además, en ocasiones, el fenómeno de deglutir aire y eructarlo se convierte en un acto automático e inconsciente: como si fuese un tic (o una manía). El paciente, al notarse aire en el esófago o el estómago y la dificultad para expulsarlo, traga aire con la intención de favorecer el eructo. Lo que suele ocurrir es que el efecto deseado no se produce: aún se queda más aire retenido, con lo que el paciente traga más aire y se eterniza este círculo vicioso.   

        ¿Y cómo se elimina el gas?

        ¿Obvio? Quizá, no tanto. No sólo se expulsa «por arriba» y «por abajo». También se absorbe (y en gran cantidad) a lo largo del tubo digestivo, y pasan al torrente sanguíneo. He aquí la parte del “debe” de nuestro libro de contabilidad gaseosa.

         

        Pero en este libro, como en otros muchos libros de contabilidad, hay algunas trampas y por eso no siempre cuadran las entradas con las salidas. A veces el gas puede quedar retenido, produciendo hinchazón, porque los movimientos intestinales son demasiado lentos; esto ocurriría en algunos casos de estreñimiento. Pero, además, para mayor complicación el dueño del negocio (usted o yo) no percibe siempre de igual manera las «ganancias»; es decir dos personas que acumulan (que retienen) la misma cantidad de gas no tienen porqué tener las mismas molestias. Y esto se debe a que la sensibilidad del intestino, al igual que la de cualquier otra parte del cuerpo, es distinta en las diferentes personas: unos tienen un intestino más sensible y otros lo tienen más insensible.  

         

        Ahora, hagamos balance. ¿Ingerimos demasiado gas? ¿Tragamos aire sin darnos cuenta? ¿Expulsamos poco? ¿Se queda retenido? Que cada uno lleve al día su libro de contabilidad; sólo así se pueden sacar las cuentas y mejorar los resultados.

        Los dichosos gases

        ¿Cómo se puede solucionar?

        La solución depende de cuál sea la causa y, tal como se ha comentado anteriormente, en bastantes casos las causas son múltiples. ¿Deglución inadvertida de aire? ¿Excesiva fermentación intestinal? ¿Malabsorción de carbohidratos? ¿Enfermedad celiaca?

        Es fundamental comer despacio y masticar bien; no fumar; y evitar y tratar la ansiedad.

        Es importante recordar que no hay que excederse con las comidas ricas en fibra. Si bien es cierto que “la fibra es sana”, es la fuente principal de fermentación intestinal y producción de gases.

        En los casos de malabsorción de lactosa, fructosa, sorbitol o gluten (enfermedad celiaca) realizar la dieta adecuada.

        En muchos casos el exceso de gases y la hinchazón se solucionan con las medidas antes indicadas, pero en otros es preciso dar algún medicamento. Los más utilizados son los antiespumantes (para disminuir el gas), los procinéticos (para mejorar los movimientos del tubo digestivo). La simeticona es el más empleado y no tiene efectos adversos, pero su eficacia es muy limitada.

        En ciertas ocasiones se utilizan antibióticos específicos, que actúan sólo en el intestino, con la intención de disminuir las bacterias que producen gases por la fermentación de los alimentos.

        Los dichosos gases
        Este es un blog informativo, que no pretende servir de foro interactivo. Lamentamos no poder incluir sus preguntas y comentarios, y responder a sus dudas. Espero que le sea útil y gracias por su colaboración.
        Doctor, se me hincha la barriga, ¿qué debo hacer?

        Doctor, se me hincha la barriga, ¿qué debo hacer?

        No por frecuente menos fastidioso

        Dr. Fermín Mearin

        Dr. Fermín Mearin

        Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

        Doctor, se me hincha la barriga, ¿qué debo hacer?

        ¿En qué consiste exactamente lo que llamamos hinchazón abdominal?


        Cuando hablamos de hinchazón abdominal nos podemos referir fundamentalmente a dos cosas: a la sensación de “estar hinchado”, que sería un síntoma parecido a la pesadez o la plenitud; o al hecho objetivo de un aumento del perímetro abdominal (“verme hinchado”). De hecho, sólo en la mitad de los pacientes que se notan hinchados se comprueba una verdadera distensión. Los especialistas establecemos esa diferencia: hinchazón (la sensación subjetiva) y distensión (el hecho objetivo del aumento del perímetro abdominal).

        En cualquiera de los casos es importante distinguirlo de la inflamación. El abdomen está hinchado o distendido, pero no inflamado.

        Doctor, se me hincha la barriga, ¿qué debo hacer?

        ¿Cuáles suelen ser las causas más frecuentes?

        Las causas de hinchazón abdominal son muchas. Muy frecuentemente se relaciona con malos hábitos al comer, demasiado deprisa o masticando poco; respirar por la boca; fumar. La ingesta excesiva de fibra, en especial de legumbres, también puede ser la causa. En otras ocasiones se debe a la malabsorción de algún azúcar, en especial lactosa, fructosa o sorbitol. Además, en determinados casos debe descartarse la enfermedad celiaca.

        Por otra parte, la distensión abdominal también depende de la capacidad de sujeción que tenga la musculatura del abdomen. La musculatura abdominal es fundamental en la contención del volumen abdominal: cuando se relaja o cuando cambia su disposición se produce la protrusión anterior del abdomen. Así, se ha demostrado que el descenso del diafragma, acompañado por la relajación de los músculos anteriores abdominales y transversos, es una causa de distensión del abdomen.

        Es frecuente que la distensión/hinchazón abdominal aumente a lo largo del día: menor a primera hora de la mañana y mayor al final del día. Esto puede deberse tanto a que el gas se acumula progresivamente al pasar el día y a que la musculatura abdominal pierda fuerza.

        La ansiedad es un agravante importante de este problema.

        ¿Cómo es de frecuente y quien tiene más predisposición a padecerlo?

        Es muy frecuente. Hay estudios que demuestran que hasta el 20% de las personas aquejan hinchazón abdominal y el 10% distensión.

        Es más frecuente en mujeres, y esto parece ser debido a factores hormonales. De hecho, muchas mujeres se notan más hinchadas durante el periodo menstrual.

        Puede presentarse a cualquier edad, pero más habitualmente entre los 30 y los 50 años.

        En algunos casos es tan importante que causa muchas molestias y altera la vida normal de los pacientes. No es un problema grave, pero puede ser muy molesto. Altera la calidad de vida y las actividades laborales y sociales: “No me encuentro cómoda para salir”. “No me puedo poner esta ropa”. “En cuanto como algo me hincho”. “Me siento pesada”, etc.

        Doctor, se me hincha la barriga, ¿qué debo hacer?

        ¿Cómo se puede solucionar?

        La solución depende de cuál sea la causa, y en bastantes casos las causas son múltiples. Es fundamental comer despacio y masticar bien; no fumar; y evitar y tratar la ansiedad. En los casos de malabsorción de lactosa, fructosa, sorbitol o gluten (enfermedad celiaca) realizar la dieta adecuada. No excederse con las comidas ricas en fibra.

        En muchos casos la hinchazón y la distensión abdominal se solucionan con las medidas antes indicadas, pero en otros es preciso dar algún medicamento. Los más utilizados son los antiespumantes (para disminuir el gas), los procinéticos (para mejorar los movimientos del tubo digestivo) y algunos antibióticos que actúan sólo en el intestino (con la intención de disminuir las bacterias que producen gases a través de a fermentación de los alimentos).

        ¿Existe algún tratamiento para rehabilitar la musculatura e los casos de distensión que no mejoran con otros tratamientos?

        Recientemente se ha comprobado en diversos estudios científicos la utilidad de la rehabilitación tóraco-abdominal. Esta consiste en aprender una serie de mecanismos y ejercicios con el fin de controlar la musculatura torácica, abdominal y diafragmática. Su objetivo es doble: 1. Evitar la deglución de aire; y 2. Disminuir la relajación diafragmática y de la pared abdominal. Este tipo de rehabilitación se realiza sólo en Centros especializados en trastornos funcionales digestivos.

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