Ah, que se me olvidaban los ayudantes (del tubo digestivo)

Ah, que se me olvidaban los ayudantes (del tubo digestivo)

El hígado, la vesícula biliar, el páncreas y sus conductos

Dr. Fermín Mearin

Dr. Fermín Mearin

Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

El tubo digestivo tiene diversas funciones, algunas muy conocidas, tales como transportar los alimentos, absorber los nutrientes y las vitaminas, y favorecer el proceso de la digestión. Otras de sus actividades, aunque también imprescindibles son menos conocidas: metabólicas, inmunológicas o neurológicas. Pero de eso hablaré en otro capítulo.

El caso es que, para que la digestión se produzca de manera adecuada el tubo digestivo necesita de otros órganos tales como el hígado, la vesícula biliar y el páncreas.

Ah, que se me olvidaban los ayudantes (del tubo digestivo)

Funciones del hígado

El hígado contribuye a la digestión mediante la secreción de bilis, esencial para la asimilación de las grasas.  Además, realiza otras muchas funciones tales como la síntesis de proteínas y vitaminas, así como funciones metabólicas e inmunológicas.

Las funciones metabólicas del hígado son muy numerosas, siendo básico para la de  carbohidratos, lípidos y proteínas. Todas ellas son fundamentales para el equilibrio de la salud, pero cabe destacar la producción de factores esenciales en la coagulación: fibrinógeno, protrombina, factores V, VII, IX y X.

Sirve, además, como almacén de energía (glucógeno), hierro (ferritina), vitaminas (A, D y B12) y minerales (hierro, cobre).

La función inmunológica (favoreciendo las defensas) del hígado es primordial. Los macrófagos allí presentes  (células de Kupffer) atrapan y destruyen bacterias y virus, así como sustancias extrañas al organismo. Por otra parte, es en el hígado donde se sintetizan la mayoría de las proteínas que forman el sistema del complemento, de fundamental importancia en la respuesta inmunológica.

Por último, el hígado puede considerarse como el filtro de nuestro organismo. Sirve para la “limpieza” “desintoxicación” de la sangre que pasa por él. Es bien conocida en el caso del alcohol (etanol) gracias a la enzima alcohol-deshidrogenasa. Igualmente está implicado en la metabolización de la mayor parte de los fármacos.

Cuando el hígado se daña o se inflama, ya sea de manera aguda o crónica, se alteran todas estas funciones pudiendo llevar a problemas graves.  

La bilis y la vesícula biliar

La bilis que produce el hígado es almacenada en la vesícula biliar, y se va liberando hacia el intestino (en el duodeno) según las necesidades de la misma (fundamentalmente tras la ingesta). En un excelente dibujo de mi amigo el Dr. Enrique de Madaria se pueden ver los nombres y localizaciones del hígado, vesícula biliar, páncreas y sus conductos.

La bilis contiene sales biliares, proteínas, colesterol, hormonas y agua. Las sales biliares actúan en el intestino contra las bacterias que entran con la comida, pero su acción primordial es facilitar la digestión de las grasas. Las sales biliares emulsionan las grasas (las fraccionan en partículas más pequeñas) para así, mediante las enzimas pancreáticas, favorecer su digestión y absorción. Son imprescindibles también para la absorción de las  vitaminas liposolubles (A, D, E y K) y del calcio.

Uno de los problemas más frecuentes en relación a la vesícula biliar es la aparición de piedras en su interior: es la llamada litiasis vesicular o colelitiasis.

La colelitiasis se produce fundamentalmente por dos motivos: 1. Alteraciones en la composición de la bilis; y 2. Dificultad en el vaciamiento de la vesícula. Así, cuando la bilis contiene excesivo colesterol, o demasiada bilirrubina, se hace más densa y se favorece la aparición de barro o piedras. Si, además, la vesícula no vacía bien el poso residual aún predispone más a la colelitiasis.

Hay dos tipos de litiasis biliar: Litiasis de colesterol (≈ 80%) y litiasis pigmentaria, de bilirrubinato cálcico (≈ 20%).

Las piedras en la vesícula pueden producir cólicos biliares (dolor agudo, intenso, fluctuante en la parte superior derecha del abdomen), pero em otras muchas ocasiones no producen ninguna molestia. La decisión de intervenir o no quirúrgicamente debe decidirse de manera individual de acuerdo a los síntomas y las características individuales de cada paciente.

El páncreas

El páncreas es un órgano al que mucha gente tiene miedo. Cuando se menciona esa palabra automáticamente se piensa en cáncer y en cosas horrible. Sin embargo, el páncreas es, en la grandísima mayoría de los casos y durante toda nuestra vida, muy amigable: nos ayuda a controlar los niveles de azúcar en niveles normales, y a digerir correctamente los alimentos (entre otras muchas cosas).

El páncreas tiene dos funciones principales: la función exocrina y la función endocrina.

La función endocrina es la que contribuye a mantener los niveles de glucosa en sangre en el rango adecuado. Para ello sintetiza diversas hormonas que, una vez en el torrente sanguíneo, equilibran las subidas o bajadas de azúcar. Las dos hormonas pancreáticas más importantes son la insulina y el glucagón. La insulina sirve para bajar el nivel de glucosa en la sangre cuando está elevada, mientras que el glucagón lo aumenta cuando está demasiado baja. De tal forma, el equilibrio entre estas dos hormonas sirve para mantener los niveles de glucosa en los niveles apropiados.

La función exocrina del páncreas consiste en la producción y excreción al duodeno de las enzimas que sirven para digerir los alimentos. Cuando comemos, el páncreas libera las enzimas que, a través de un conducto (llamado conducto de Wirsung), son liberadas al duodeno (primer segmento del intestino). Las enzimas pancreáticas son la amilasa, la lipasa y la tripsina, que contribuyen a la digestión de los carbohidratos, las grasas y las proteínas, respectivamente.

El páncreas produce otras muchas hormonas que intervienen en el funcionamiento de órganos digestivos y extradigestivos, pero esa es historia para otro capítulo.

Las enfermedades del páncreas dependen de cuál sea la función que más se altere, la endocrina o la exocrina. Si es la primera se sufrirá diabetes, y si es la segunda una alteración de la digestión de los alimentos con diarrea, pérdida de peso, etc. La diferencia es tal que hasta los especialistas que tratan una y otra son diferentes: endocrinólogos y digestólogos

Este es un blog informativo, que no pretende servir de foro interactivo. Lamentamos no poder incluir sus preguntas y comentarios, y responder a sus dudas. Espero que le sea útil y gracias por su colaboración.
Eructar tanto no es normal

Eructar tanto no es normal

Dr. Fermín Mearin

Dr. Fermín Mearin

Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

Eructar tanto no es normal

Todos eructamos

Es verdad que todos eructamos. De vez en cuando, después de una buena comida, tras una bebida gaseosa, es normal. También es cierto que, por razones sociales, lo hacemos de una manera discreta y disimulada, aunque en determinadas culturas un “buen eructo” es una demostración de satisfacción y agradecimiento por lo que hemos comido.

El eructo consiste en el paso de gas del esófago a la faringe. ¿Pero de dónde viene ese gas? Si acabamos de tomar una Coca-Cola la respuesta es fácil; y si hace poco que hemos comido (y además deprisa) también lo es. Tan sólo hay que recordar que con cada deglución pasan entre 10 y 25 ml. de aire al estómago.

Por tanto, puede considerase a la eructación como un mecanismo normal para expulsar del estómago el exceso de gas acumulado.

Ya, pero lo mío no es normal

No hay una cifra que diga cuál es el número normal de eructos, y a partir de cuantos es excesivo. Algún estudio se ha dedicado a medir cuantas veces al día eructan los sujetos sanos (sin otras molestias) y puede ser normal hasta 30.

No obstante, hay personas que eructan muchas más veces, con verdaderos “ataques de eructación”, coman o no coman, y sin haber bebido nada con gas. A esto se le llama Síndrome de Eructación, habiendo pacientes que eructan hasta 30 veces por minuto, sin parar, y hasta 15-20 minutos seguidos. Sin duda, como es fácil de entender, estas situaciones alteran mucho la calidad de vida y producen importantes molestias y dificultades sociales.

Cuando esto ya no es normal ¿Por qué pasa?

Si sale gas del estómago o del esófago hacia la faringe y la boca, es que antes ha entrado (esto es de Perogrullo). Por tanto, en líneas generales, al eructo le precede la deglución involuntaria de aire. En ocasiones es por la ingesta de bebidas con gas, pero ese factor ya lo ha eliminado el paciente que nota eructación excesiva. Tampoco suele deberse a la dieta, ya que – al contrario de lo que ocurre en el colon – en es estomago no hay bacterias que fermenten los alimentos y produzcan gas.

Los dos mecanismos fundamentales por los que se produce la eructación son: por succión de aire o por empuje de aire. En el primero, la contracción del diafragma aumenta la presión negativa en la cavidad torácica y el esófago, con la subsecuente relajación del esfínter esofágico superior, con el resultado de entrada de aire en el esófago seguido por su inmediata expulsión. El segundo mecanismo, presente en solo una minoría de pacientes, consiste en la contracción simultánea de los músculos de la base de la lengua y de la faringe, lo que induce la entrada del aire.

Eructar tanto no es normal

En otras ocasiones se trata de una verdadera aerofagia (deglución de aire), en la que el paciente adquiere como hábito (como un tic) tragar aire para aliviar la sensación de aire retenido en el esófago; rara vez el eructo consigue aliviar esta molestia, y se mantiene un comportamiento estereotipado de deglución/expulsión de aire que puede durar mucho tiempo.

Cuando el aire proviene del esófago se habla de eructo supragástrico y cuando viene del estómago de eructo gástrico. La eructación sólo a veces se asocia a enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), si bien es cierto que, con frecuencia, tras el eructo viene algo de ácido refluído.

¿La eructación excesiva se asocia a algún otro trastorno?

Los Síndromes de Eructación forman parte de los Trastornos Funcionales Digestivos y, por tanto, con frecuencia se asocian a la Dispepsia Funcional y al Síndrome de Intestino Irritable (ver información correspondiente). Rara vez los eructos son la consecuencia de una causa anatómica como la hernia de hiato.

En muchas ocasiones están favorecidos por factores emocionales y psicológicos. De hecho, la mayoría de los pacientes eructan menos cuando están distraídos realizando alguna actividad que precisa concentración.

Diagnóstico

El diagnóstico de Síndrome de Eructación es fácil: un paciente que eructa de manera excesiva. Sin embargo, muchos médicos lo desconocen o le dan poca importancia. Es frecuente que, incluso los especialistas en Aparato Digestivo lo ignoren, lo minimicen o lo confundan con reflujo gastroesofágico.

En ocasiones, para confirmar el diagnóstico, es útil realizar una impedanciometría gastroesofágica de 24 horas. Mediante esta técnica se observa de manera continua la dinámicas de gases y fluidos en el esófago: el aire que entra, el aire que sale, si hay reflujo o no, etc. De esta forma se puede comprobar cómo, cuándo y de qué manera entra el aire que luego se eructa. En los pacientes con eructación a menudo se observan imágenes en formar V (que indican la entrada de gas por el esófago (línea hacia abajo) y su posterior salida hacia la boca (línea hacia arriba)) o W (cuando se produce de manera repetitiva).

Tratamiento

Quizá el aspecto más importante para un adecuado tratamiento del Síndrome de Eructación sea que el médico conozca de manera adecuada el tema y lo sepa explicar al paciente. Los eructos no mejorarán con omeprazol ya que no se trata de reflujo gastroesofágico; si puede mejorar la acidez cuando esta se asocia a los eructos. Tampoco mejora con Aerored, ni con un probiótico ya que el aire proviene de fuera (deglutido/aspirado) y no de la fermentación intestinal.

El médico debe explicar detenidamente al paciente lo que le ocurre, y enseñarle a controlarlo y modificarlo. Mediante reaprendizaje se obtienen resultados positivos hasta en el 80% de los casos.

Existen diversas técnicas para evitar la eructación excesiva. Una de ellas es, con el paciente tumbado en posición supina, hacerle respirar lentamente (aproximadamente 8 respiraciones por minuto) utilizando el diafragma (moviendo el abdomen y no el tórax durante las respiraciones) con la boca abierta para prevenir la deglución. Una vez que este ejercicio se realiza de manera correcta se le enseña a realizarla sentado, y practicarla diariamente en su domicilio. En casa deben realizar los ejercicios con la boca abierta, aunque en público lo hagan de manera entreabierta. Mantener la boca abierta impide la deglución de aire. Así, un truco para controlar un “ataque de eructos” es mantener sujeto en la boca un bolígrafo (o cualquier otro objeto semejante; también puede utilizarse una bombona de butano, pero es más difícil).

No obstante, a veces estos ejercicios no resultan fáciles de realizar cuando se explican sólo de manera teórica. Para hacer más rápido el aprendizaje se puede utilizar un sistema de electromiografía de superficie (semejante al empleado para un electrocardiograma) en el que se registran las contracciones musculares. De este modo el paciente puede observar directamente si contrae el tórax o el abdomen, y si relaja o no el diafragma. Este sistema está disponible en muy pocos Centros, siendo uno de ellos Centro Médico Teknon.

Ciertos medicamentos, como algunas ortopramidas o el baclofeno, pueden ser útiles para aliviar el Síndrome de Rumiación, pero su uso de realizarse bajo el control de un médico especialista.

Además, como es lógico, se deben evitar costumbres o hábitos que favorezcan la ingesta de gas tales como comer demasiado deprisa o masticando poco, respirar por la boca, consumir chicles o caramelos, y fumar. Curiosamente, y a pesar de lo que pudiese parecer, la dieta no es muy importante en la generación de eructos ya que los alimentos no se fermentan en el estómago si no en el colon; por eso, la ingesta excesiva de fibra, en especial de legumbres, favorece las ventosidades pero no los eructos. Lo mismo ocurre con la malabsorción de azúcares (lactosa, fructosa o sorbitol), rara vez involucrados en el Síndrome de Eructación.

Eructar tanto no es normal
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Colon irritable

Colon irritable

No es un cajón de-sastre

Dr. Fermín Mearin

Dr. Fermín Mearin

Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

Síndrome del intestino irritable

¿Qué es el colon irritable?

El colon irritable, también llamado síndrome del intestino irritable (SII), es un trastorno funcional digestivo. Esto quiere decir que es debido a alteraciones en el funcionamiento o la sensibilidad del tubo digestivo, pero que no hay lesiones que se puedan evidenciar por las pruebas diagnósticas habituales (incluyendo análisis de sangre, endoscopias, ecografías, etc.).

El SII se caracteriza por dolor o malestar abdominal, que se acompaña de cambio en las características y frecuencia de las deposiciones. Si bien estos síntomas también se pueden presentar en otras enfermedades, el SII es su causa más frecuente, estimándose que alrededor de 8% de la población lo sufre.

El SII es importante no sólo a su elevada frecuencia sino también porque su manejo por parte de los profesionales no es siempre el más adecuado. Algunos médicos prestan poco interés por este síndrome, piden pruebas que son innecesarias y prescriben tratamientos no adecuados. En este sentido, quizá el problema más relevante es que, al no encontrar ninguna lesión en las pruebas, se le dice al enfermo: “No se preocupe, usted no tiene nada”. Entonces el paciente se queda desconcertado sin saber qué hacer ni a quién acudir para que le ayude.

¿Por qué se produce el SII?

Se han descrito varias circunstancias que pueden producir SII en un individuo sano. Por ejemplo, alrededor del 10% de las personas que sufren SII tienen el antecedente de una gastroenteritis aguda en el momento de inicio de los síntomas digestivos. Este cuadro se conoce como SII postinfeccioso. También se ha descrito el inicio de SII tras acontecimientos de mucho estrés. Sin embargo, en la enorme mayoría de los casos no es posible determinar una causa específica que lo origine.

En los pacientes con SII se han encontrado alteraciones de los movimientos intestinales. Otros estudios han demostrado que muchos enfermos tienen una sensibilidad digestiva incrementada; la hipersensibilidad puede tener su origen en el propio tubo digestivo, en el sistema nervioso central, o en ambos. En los últimos años se ha postulado la hipótesis de que alteraciones en la microbiota intestinal (flora intestinal), y niveles muy leves de inflamación del intestino (evidenciables sólo a nivel microscópico), pueden desempeñar un papel relevante en el desarrollo del SII.

Tampoco hay que olvidar la importancia de los aspectos psicológicos, incluyendo ansiedad, depresión o somatización.

De hecho, se puede llegar a un SII de diversas maneras, y frecuentemente es necesaria la existencia de varios mecanismos a la vez.

Síndrome del intestino irritable

¿Qué síntomas indican la presencia de SII?

El SII produce dolor abdominal y alteración en las deposiciones. Curiosamente unos pacientes pueden tener diarrea, otros estreñimiento, y otros periodos en los que se alternan ambas cosas. Otros síntomas como la urgencia defecatoria, la sensación de evacuación incompleta, la hinchazón abdominal, la emisión de moco en la deposición, o el esfuerzo excesivo al defecar también son frecuentes en el SII.

Cuando se realizan pruebas todos los resultados son normales. En realidad, no hay una lesión, pero el intestino no funciona bien.

El diagnóstico se basa en una minuciosa historia clínica, habiendo que descartar otras enfermedades digestivas que puedan provocar síntomas similares. Entre ellas se encuentran la enfermedad celiaca, la colitis microsópica o la enfermedad inflamatoria intestinal, cuando predomina la diarrea. La malabsorción de ciertos azucares, tales como la lactosa, la fructosa o el sorbitol, también pueden producir diarrea y/o hinchazón abdominal. La búsqueda de intolerancias alimentarias realizada mediante la determinación de autoanticuerpos séricos IgG (test en sangre de intolerancias a múltiples alimentos) no ha demostrado ser útil; además, puede conducir a consejos dietéticos engañosos e incorrectos.

Muy rara vez es un proceso canceroso el que simula un SII.

Un médico especialista en aparato digestivo debe saber cómo establecer el diagnóstico de manera correcta solicitando sólo las pruebas necesarias. A menudo, se solicitan excesivas exploraciones sin que sean de ayuda.

¿Cuál es el tratamiento del SII?

El tratamiento del SII puede variar dependiendo de diversos factores: 1) La frecuencia e intensidad de los síntomas; 2) La preocupación que suscita en el enfermo; 3) La repercusión sobre la calidad de vida; 4) El tipo de síntoma predominante; 5) La asociación con otras trastornos digestivos o extradigestivos; y 6) La posible existencia de factores emocionales influyentes.

Algunos pacientes pueden beneficiarse de medidas sencillas, incluyendo consejos dietéticos o cambios en el estilo de vida. Otros pacientes requerirán tratamiento farmacológico, y algunos una aproximación terapéutica más compleja, asociando a los medicamentos el apoyo psicológico.

Se ha comprobado que el ejercicio, realizado de manera habitual, mejora los síntomas del SII.

No existe una dieta específica para pacientes con SII. Lo ideal es mantener una dieta equilibrada y sin excesivas restricciones, para impedir el déficit de micronutrientes y desnutrición calórico-proteica. Es aconsejable realizar comidas pequeñas y frecuentes, y evitar exceso de productos lácteos, grasas, carbohidratos, cafeína y alcohol. Para información sobre la dieta baja en FODMAP ir a la página especifica que he escrito.

Los pacientes con SII y diarrea pueden beneficiarse del empleo de antidiarreicos como la loperamida o el difenoxilato. De una forma empírica se ha empleado la resincolestiramina para el control de la diarrea y la urgencia defecatoria en pacientes; la experiencia confirma su utilidad.

Los agentes con propiedades relajantes del músculo liso (llamados antiespasmódicos) se utilizan en el SII con la intención de obtener alivio del dolor “espasmódico”.

Para tratar el SII con estreñimiento el primer paso suele ser la administración de fibra, que en general lo mejora, aunque puede empeorar el dolor y la distensión abdominal. Cuando el tratamiento con fibra no es suficiente, otra de las opciones terapéuticas es la utilización de laxantes osmóticos. Un fármaco nuevo, utilizado para el SII con estreñimiento que no responde a otros tratamientos, es la linaclotida.

La hipótesis de que alteraciones en la microbiota intestinal (flora intestinal) puedan desempeñar un papel relevante en algunos pacientes con SII, ha conducido al desarrollo de nuevas estrategias en el manejo de estos enfermos tales como el uso de probióticos (bacterias u hongos vivos), prebióticos (sustancias no absorbibles que actúan como alimento para ciertas bacterias en particular) y simbióticos (mezclas de prebióticos y probióticos). Se ha comprobado que algunos microorganismos de la familia de los Lactobacilos y las Bifidobacterias pueden proporcionar alivio de algunos síntomas del SII. Entre ellos destacan Lactobacillus plantarum y Bifidobacterium infantis. Para modificar la microbiota, y para tratar un posible exceso bacteriano intestinal (sobrecrecimiento bacteriano) se utiliza un antibiótico especifico para el intestino: rifaximina.

Diferentes modalidades de psicoterapia pueden ser útiles en pacientes con SII con síntomas incapacitantes y refractarios a otras medidas. Entre ellas se incluyen las terapias cognitivo-conductuales, técnicas de relajación, terapias psicodinámicas interpersonales, meditación e hipnoterapia.

Complicaciones y pronóstico

El SII no pone en riesgo la vida del paciente, pero altera mucho su calidad. No es una enfermedad grave, pero si puede ser muy molesta e incapacitante. Cuando los médicos dicen “usted no tiene nada” deberían decir en realidad “usted no tiene nada orgánico”. Las complicaciones son las propias de los síntomas que produce, y el pronóstico (evolución) dependerán de un tratamiento adecuado con una buena interacción médico-paciente.

Es importante decir que el SII no favorece tener con posterioridad otras enfermedades digestivas graves: ni colitis ulcerosa, ni enfermedad de Crohn ni cáncer de colon.

 

El tratamiento adecuado del SII es la combinación precisa de la Medicina como Ciencia y como Arte.

Síndrome del intestino irritable
Síndrome del intestino irritable
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Tests de intolerancias alimentarias

Tests de intolerancias alimentarias

Dr. Fermín Mearin

Dr. Fermín Mearin

Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

Tests de intolerancias alimentarias

Alergia, malabsorción e intolerancia alimentaria.

Es muy frecuente que los pacientes relacionen determinados síntomas digestivos con la ingesta de algunos alimentos. Este hecho puede deberse a diversos motivos: en algunas ocasiones es la consecuencia de una auténtica alergia alimentaria, en otras es debida a una malabsorción de ciertos carbohidratos, en muchos casos se trata de una intolerancia a determinados alimentos, y – a menudo – sólo es el fruto de la casualidad.

A este respecto hay que recordar que se define como alergia alimentaria la respuesta inmunológica inducida por las proteínas de algunos alimentos. Se distingue de la intolerancia alimentaria (que es mucho más frecuente) porque ésta es una reacción no inmunológica producida por los constituyentes de algunos alimentos como las toxinas o agentes farmacológicos (por ejemplo, la cafeína). Por otro lado, la malabsorción es el defecto de la absorción de los nutrientes desde la luz intestinal hasta la linfa o la sangre, y el término maldigestión se reserva para los casos en que la absorción intestinal se halla alterada como consecuencia del déficit de determinados fermentos digestivos.

La malabsorción de lactosa se produce por la deficiencia de lactasa en la mucosa intestinal, y puede ser congénita o adquirida (ver sección correspondiente).  Existen importantes diferencias raciales en cuanto a su incidencia. Así, en adultos de raza blanca del norte de Europa es del 5%, en España del 15-30%, y en los americanos de raza negra, bantúes y razas orientales del 60-90%.

Otros azúcares, como la fructosa o el sorbitol, también pueden ser causa de malabsorción y síntomas gastrointestinales. El sorbitol y la fructosa se encuentran presentes – en distintas proporciones – en la fruta; también se utilizan como edulcorantes de bebidas, mermeladas, productos dietéticos y para diabéticos. Grandes cantidades de sorbitol provocan diarrea incluso en sujetos sanos.

Diagnóstico

Para establecer que alimentos producen una alergia alimentaria es necesario hacer análisis de sangre específicos y, frecuentemente, pruebas de provocación en la piel.

La prueba más eficaz y sencilla para el diagnóstico de malabsorción alimentaria es el test del aliento. Consiste en obtener muestras de aire espirado (soplando) tras la administración de una cantidad conocida del hidrato de carbono a estudiar (lactosa, fructosa, sorbitol, etc)..

No hay ninguna prueba que sea verdaderamente útil para establecer las intolerancias alimentarias (“qué alimentos sientan mal”).

Tests de intolerancias alimentarias

Utilidad (inutilidad) de los tests diagnósticos de intolerancias alimentarias

Existen numerosos tests de intolerancias a alimentos que se pueden encontrar en farmacias, centros de medicina alternativa, gimnasios e incluso peluquerías, pudiendo ser adquiridos directamente por los pacientes.  No existen datos científicos que hayan demostrado la utilidad de estas pruebas. De hecho, los resultados engañosos de los test de intolerancia no probados pueden dar lugar a consejos equívocos que lleven a los pacientes a someterse restricciones dietéticas inadecuadas y excesivas, pudiendo ocasionar daños nutricionales. Además, el retraso en realizar técnicas de diagnóstico y tratamientos más efectivos puede conducir a mayores molestias para el paciente.

No hay ninguna sociedad clínica de prestigio internacional que apoye el uso de estos tests de sensibilidad alimentaria. Son desaconsejadas, entre otras, por la European Academy of Allergology and Clinical Immunology (EAACI), la American Academy of Allergy, Asthma and Immunology (AAAAI), la British Society for Allergy and Clinical Immunology (BSACI), la Academia Española de Nutrición y Dietética (AEND), la Sociedad Andaluza de Patología Digestiva (SAPD) o la Asociación Española de Gastroenterología (AEGE).

De qué tests estamos hablando

Test de intolerancia a la histamina

Existe la hipótesis que la intolerancia a la histamina es debida a un desequilibrio entre la ingesta y la degradación de la histamina a nivel intestinal y hepático. Sin embargo, no hay datos científicos que la demuestren ni establezcan su relación con los síntomas digestivos.

Hay al abasto varios tests que supuestamente valoraran la intolerancia a la histamina, pero ninguno ha alcanzado evidencia científica como para ser recomendado en la práctica clínica.

La medición de la DAO (diamina-oxidasa) en suero se ha postulado como una de las opciones en el diagnóstico para la intolerancia a la histamina. No obstante, no ha llegado a ser validado mediante estudios científicos de calidad que sugieran su uso clínico estándar para establecer su relación con los síntomas digestivos.

La medición de la histamina en heces, suero y orina tampoco ha sido útil en ninguno de los estudios en que se ha valorado.

Podría ser de cierto interés el test de provocación oral, que se realiza evaluando la aparición de síntomas tras ingerir una cantidad conocida de histamina (75 mg). El principal problema de esta prueba es que también induce síntomas en los controles sanos. Por lo tanto, tampoco se recomienda su utilización.

Test de inmunoglobulina G (IgG) para alimentos

Este test se ha popularizado mucho en los últimos años. Se realiza en sangre y (supuestamente) se basa en que la presencia de anticuerpos tipo IgG (y/o IgG4 específicos) frente a determinados alimentos permitiría demostrar las intolerancias a múltiples alimentos y aditivos. Lo cierto es que la producción de IgG e IgG4 específica a alimentos comunes es un hecho normal, y no identifica intolerancias alimentarias.

En consecuencia, un uso inapropiado de este test solo predispone a falsos diagnósticos y dietas de restricción innecesarias, empeorando la calidad de vida de los pacientes.

Otros tests sin ninguna utilidad

No merecen muchos comentarios (sólo presentarlos para que nadie los haga):

Test Vega: en teoría se basa en registrar las variaciones de las corrientes eléctricas en el cuerpo cuando se sitúa un alérgeno encapsulado en un circuito cerrado entre la mano del paciente y un punto de acupuntura en los dedos.

ALCAT test: consiste en valorar la variación en la forma de los leucocitos de una muestra de sangre al microscopio tras la incubación con extractos alimentarios.

Iridología: refiere la práctica de diagnosticar afecciones a través de la examinación de los patrones de iris.

Kinesiología: basado en que la exposición a diferentes alérgenos provoca una variación o reducción, en la fuerza muscular que es lo que se mide.

Test de la voz: supone que los diferentes órganos se comunican entre ellos a través de ondas de sonido por la vibración que éstos provocan.

Test del pulso: refiere que un aumento en la frecuencia del pulso al tomar un determinado alimento puede indicar una intolerancia al mismo.

Análisis del pelo: se analiza una pequeña cantidad de pelo y se compara con una base de datos para identificar la intolerancia o la hipersensibilidad.

¿Por qué los médicos especialistas en Aparato Digestivo están en contra de estas pruebas?

Los médicos especialistas en Aparato Digestivo NO están en contra de estas pruebas. Tan sólo queremos dejar claro, desde un punto de vista científico, que no son ni eficaces ni útiles. Como médicos, nos encantaría que hubiese una prueba que pudiese identificar qué alimentos tolera o intolera una determinada persona. Pero, desgraciadamente, esa prueba (para un número generalizado de alimentos) actualmente no existe.

Además, tal y como se comentado anteriormente, estos tests proporcionan resultados engañosos que llevan a realizar dietas innecesarias, inútiles y, a veces, perjudiciales.

Mearin F, Peña E, Balboa A. Importance of diet in irritable bowel syndrome. Gastroenterol Hepatol. 37:302-310, 2014.

Molina-Infante J, Serra J, Fernandez-Bañares F, Mearin F. The low-FODMAP diet for irritable bowel syndrome: Lights and shadows. Gastroenterol Hepatol. 39:55-65, 2016.

Stapel SO, Asero R, Ballmer-Weber BL et al. Testing for IgG4 against foods in not recommended as a diagnostic tool: EAACI Task Force Report. Allergy 2008; 67:793-6.

Carr S, Chan E, Lavine E, Moote W. CSACI Position statement on the testing of food-specific IgG. Allergy, Asthma & Clinical Immunology 2012; 8:12.

Jiménez Contreras S, García de Paso-Mora J, Pérez Aisa A. Test no validados de intolerancia a alimentos: documento de posicionamiento del Grupo Andaluz de Trastornos Funcionales Digestivos (GATFD) pertenecientes a la Sociedad Andaluza de Patología Digestiva (SAPD) y el Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de Andalucía. RAPD 2018; 41: 273-9.

Tests de intolerancias alimentarias
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Me han encontrado divertículos en el colon

Me han encontrado divertículos en el colon

¿Eso qué es?

Dr. Fermín Mearin

Dr. Fermín Mearin

Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

Me han encontrado divertículos en el colon
Me han encontrado divertículos en el colon

¿Qué son?

Los divertículos son pequeñas bolsitas, o sáculos, que protruyen a través de las paredes del colon.  Aparecen cuando la pared del intestino se debilita y así, por la presión interna, aparece un saquito. Son muchas las personas que tienen divertículos en el colon y muy pocas a las que les producen problemas: cuando se inflaman o cuando sangran pasan de ser una curiosidad anatómica a un problema médico; tan sólo en alguna ocasión los divertículos del colon no complicados producen síntomas.

La incidencia de divertículos en el colon aumenta con la edad, sobre todo a partir de los 50 años, con una prevalencia similar entre hombres y mujeres. A los 60 años más de la mitad de las personas los tendrán.

Es importante conocer la diferencia entre diverticulosis y diverticulitis. Se llama diverticulosis a la presencia de divertículos, y diverticulitis a cuando los divertículos se inflaman. Es lo mismo que apéndice y apendicitis: cosas muy distintas.

Me han encontrado divertículos en el colon

¿Qué síntomas producen?


La diverticulosis es una condición crónica (los saquitos no desaparecen) pero, como se ha dicho anteriormente, en la mayoría de los casos no produce molestias. No obstante, en algunos casos puede evolucionar a “enfermedad diverticular”, con síntomas recurrentes atribuidos a los propios divertículos (sin inflamación), a diverticulitis (con inflamación evidente); o rara vez, a diverticulitis complicada, con abscesos, fístulas o perforación.

Los síntomas de la diverticulitis aguda son fundamentalmente: dolor abdominal, fiebre y, a veces, alteración en las deposiciones. El dolor se localiza predominantemente en la parte inferior izquierda del abdomen (fosa iliaca izquierda), aunque otras veces puede ser en el medio, o producir molestias urinarias (por la cercanía entre el colon y la vejiga).

El cuadro clínico de la diverticulitis aguda es parecido al de la apendicitis, pero en el otro lado; de hecho, se le ha llamado “apendicitis izquierda”.

La enfermedad diverticular no complicada (sin inflamación) puede producir síntomas parecidos a los del síndrome del intestino irritable: dolor abdominal difuso (aunque más localizado en fosa iliaca izquierda) y alteraciones en las deposiciones (más frecuentemente diarrea). Es importante destacar aquí que, como no hay inflamación no hay fiebre.

Me han encontrado divertículos en el colon

¿Puedo tener síntomas sin que los divertículos estén inflamados?

Vuelvo a decir (aunque sea un poco pesado) que en la mayoría de los casos si no hay inflamación de los divertículos no hay síntomas. No obstante, hay algunas evidencias científicas de una relación entre cierta microinflamación (no visible ni en la colonoscopia ni en el TAC), hipersensibilidad del colon (lo mismo que ocurre en el síndrome del intestino irritable: SII) y los síntomas intestinales recurrentes de algunos pacientes. Nuevamente, uno de los posibles desencadenantes de la inflamación en los pacientes con enfermedad diverticular es la disbiosis de la microbiota intestinal.

¿Por qué se producen los divertículos?

No se sabe con certeza su causa, pero se considera una enfermedad de origen multifactorial en la que intervienen factores genéticos, la edad, la dieta, así como anomalías en los movimientos del intestino grueso.

¿Cómo saber si los divertículos están inflamados o no? ¿Tengo diverticulitis?

Lo primero es evaluar los síntomas. Como se ha dicho anteriormente la diverticulitis produce dolor abdominal (más en parte inferior izquierda), fiebre y, a veces, alteración en las deposiciones. Un análisis de sangre puede ayudar a sospechar el diagnóstico si existe aumento de los leucocitos, velocidad de sedimentación o proteína C reactiva; todos ellos indican inflamación.

Para establecer el diagnóstico definitivo hay que demostrar la inflamación de los divertículos ya sea mediante TAC o ecografía abdominal de alta resolución. En el momento de la diverticulitis aguda no debe realizarse una colonoscopia.

¿Qué determina el paso de diverticulosis a diverticulitis?

La progresión clínica de los divertículos abarca desde la diverticulosis asintomática (muy frecuente), a la enfermedad diverticular sintomática no complicada (menos frecuente), hasta la enfermedad complicada (de mayor gravedad y poco frecuente).

Se ha demostrado que, en la progresión de diverticulosis a diverticulitis a lo largo del tiempo, tienen un papel importante: la inflamación intestinal de bajo grado, la disbiosis de la microbiota y las alteraciones en el tejido conectivo de la mucosa intestinal; todos ellos se incrementan con la edad.

Por este motivo, se ha estudiado el impacto de ciertos factores de riesgo modificables en la progresión de la diverticulosis a la diverticulitis. De entre estos factores, todos ellos relacionados con el estilo de vida, destacan el consumo de carne, el tabaquismo y la obesidad. Curiosamente, y a pesar de lo que se pudiese pensar, el estreñimiento no favorece ni la diverticulosis ni la diverticulitis.

En cambio, el papel beneficioso de la actividad física está bien establecido. Los pacientes con una actividad física regular tienen una clara reducción del riesgo de desarrollar complicaciones como la diverticulitis y el sangrado diverticular.

En consecuencia, los consejos a seguir son: realizar ejercicio, evitar el sobrepeso, comer poca carne roja y no fumar (vamos, hacer una vida sana: no muy difícil).

¿Cuál es el tratamiento de los síntomas por diverticulosis y de la diverticulitis?

El tratamiento de la diverticulosis sintomática es el de sus síntomas: para el dolor se utilizan fármacos espasmolíticos, y para las alteraciones en las deposiciones fármacos que regulan la diarrea/estreñimiento semejantes a los utilizados en el SII. Además, dada la importancia de la microbiota en esta patología, se puede utilizar rifaximina. Este es un antibiótico intestinal selectivo, que no se absorbe (solo actúa dentro del intestino), y con mínimos efectos adversos.

Cuando aparece una diverticulitis es conveniente acudir al médico lo antes posible. En estos casos, además del tratamiento sintomático, puede ser necesario el uso de antibióticos por vía oral o endovenosa. La necesidad de realizar el tratamiento en el domicilio o em el hospital tiene que ser tomada por un médico especializado. De hecho, el abordaje farmacológico durante el episodio agudo de diverticulitis ha evolucionado en las últimas décadas, destacando un uso más racional de los antibióticos y de las intervenciones quirúrgicas.

En los casos de diverticulitis recurrentes, que no responden al tratamiento médico, o que se complica, está indicada la cirugía. En la gran mayoría de los casos consiste en extirpar la zona del colon donde es están los divertículos (caso siempre el sigma). Esta cirugía se realiza mediante laparoscopia.

¿Es posible prevenir nuevos episodios de diverticulitis?

El riesgo de tener un episodio de diverticulitis es que, con cierta frecuencia, se repiten. Así, las posibilidades de tener nuevos episodios aumentan con el número de episodios previos.

A fin de evitar nuevos episodios se administran antibióticos no absorbibles de manera cíclica. Así, rifaximina es una buena opción en la prevención de recidivas de diverticulitis, como muestra un metaanalisis con más de 1500 pacientes. La eficacia de rifaximina se basa en su acción antibiótica selectiva (que la convierte en un eubiotico) y su efecto antiinflamatorio.

Dieta: ¿fibra o no? ¿puedo comer semillas?

¿La fibra es buena o mala para los divertículos? La respuesta es: depende. Si no hay inflamación la fibra puede ser beneficiosa, pero cuando hay inflamación (diverticulitis) no se debe tomar. No obstante, en los casos de diverticulosis (sin inflamación) tampoco hay que exagerar, porque mucha fibra produce más gases y molestias digestivas.

Por otra parte, hay una vieja costumbre de prohibir las semillas, frutos secos, pepitas de frutas, etc. a los pacientes con divertículos en el colon . Esta idea se basa en el posible riesgo de que estas pequeñas partículas alimenticias se introduzcan dentro de un divertículo y lo inflamen. Sin embargo, no hay datos científicos de que esta hipótesis sea cierta, y un estudio comparativo en casi 50000 paciente demostró que el riego de diverticulitis no disminuyó al excluir estos alientos.

Bianchi M, Festa V, Moretti A, Ciaco A, Mangone M, Tornatore V, et al. Meta-analysis: Long-term therapy with rifaximin in the management of uncomplicated diverticular disease. Aliment Pharmacol Ther 33:902-10, 2011.

Lanas A, Ponce J, Bignamini A, Mearin F. One year intermittent rifaximin plus fibre supplementation vs. Fibre supplementation alone to prevent diverticulitis recurrence: A proof-of-concept study. Dig Liver Dis 45:104-9, 2013.

Lisa L. Strate, Yan L. Liu, MS, Sapna Syngal, Nut, corn and popcorn consumption and the incidence of diverticular disease. JAMA. 300: 907–14. 2008.

Brandimarte G, Bafutto M, Kruis W, Scarpignato C, Mearin F. Hot Topics in Medical Treatment of Diverticular Disease: Evidence Pro and Cons. J Gastrointestin Liver Dis.28(suppl. 4):23-29, 2019.

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