Helicobacter pylori: El condenado inocente

Helicobacter pylori: El condenado inocente

Dr. Fermín Mearin

Dr. Fermín Mearin

Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

El acusado inocente

Nueva York. La noche. Una calle estrecha con luces de neón intermitentes. Nada que no hayamos visto mil veces en las películas americanas. Y de repente: un muerto en medio del callejón. Pero un muerto con traje y corbata; y con maletín de piel abierto y vacío.

Coches de policía que se acercan. Sirenas de colores. Nada que no hayamos visto mil veces en las películas americanas. Y a cuatro calles del crimen, un indigente tumbado sobre unos cartones. Pero un indigente negro con cinco billetes de 20 dólares en el bolsillo.

Los policías le levantan. El “sin techo” balbucea unas palabras ininteligibles. Junto a las botellas, casi todas vacías, que acumula al lado de su improvisado camastro, hay un destornillador con manchas de sangre. Nada que no hayamos visto mil veces en las películas americanas.

“El negro” es detenido, juzgado y sentenciado. La familia de la víctima, la policía, la prensa y la sociedad están tranquilos.  Alguien tiene que ser el culpable.

Hasta que un mes después, muy cerca del primer asesinato, aparece otro hombre muerto. Comparadas las autopsias se comprueba que el arma utilizada en ambos casos es la misma: una Smith & Wesson MP 9. Nada que no ocurra, una y mil veces, con el Helicobacter pylori.

 

Una cosa es un hallazgo casual, y otra muy distinta un relación causal. Teniendo en cuenta que la infección por Helicobacter pylori está presente en más de un tercio de la población, la probabilidad de que se encuentre en alguien con cualquier molestia digestivas es enorme (o mejor dicho, de al menos de un 33%). ¿Pero es el Helicobacter pylori el culpable de todos los síntomas digestivos? Naturalmente que no. Tan sólo de unos pocos y muy bien definidos.

Pero algunos médicos culpan al Helicobacter pylori de los gases excesivos, del hinchazón abdominal, de la diarrea, o de cualquier otra molestia digestiva de origen no muy claro. Y el Helicobacter “sólo pasaba por allí”.  

Algo parecido ocurre con el Blastocystis hominis, el SIBO, la disbiosis intestinal, o los pólipos en la vesícula. En muchas ocasiones no son la causa de los síntomas que se les atribuyen, pero es más fácil acusar a un inocente que seguir investigando. Una lástima.

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¿Lo que yo tengo es gastritis o dispepsia?

¿Lo que yo tengo es gastritis o dispepsia?

Dr. Fermín Mearin

Dr. Fermín Mearin

Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

¿Es gastritis o es dispepsia?

Las palabras son lo que significan y lo que la gente entiende por ellas. En ese sentido, a lo largo de los siglos (y de una forma absolutamente intencionada), los médicos hemos sido unos pésimos comunicadores, intentando utilizar los términos más complejos y las palabras más confusas para identificar síntomas y enfermedades. Es lógico, por tanto, que los pacientes no nos entiendan y que, en ciertas ocasiones, tampoco nos entendamos entre nosotros.

Y eso es lo que pasa con los términos “gastritis” y “dispepsia” que, a pesar de ser frecuentemente utilizados en las consultas de gastroenterología y de atención primaria, resultan confusos debido a que no existe consenso con respecto a su significado.

La gastritis es definida por la Real Academia Española como “inflamación del estómago” o “inflamación de la mucosa del estómago”. Proviene del griego (gastro = estómago; itis = inflamación). Sin embargo, habitualmente los pacientes – y también muchos médicos – utilizan la palabra gastritis para cualquier dolor de estómago, la pesadez, las náuseas o incluso si hay vómitos. En estos casos puede haber o no inflamación del estómago, y los síntomas pueden ser debidos a otras causas. Por tanto, siendo estrictos, llamarlos gastritis es incorrecto. Una verdadera gastritis sólo puede ser diagnosticada mediante endoscopia, confirmando la inflamación en las biopsias.

A su vez, la Real Academia Española define la dispepsia como “la digestión laboriosa e imperfecta de carácter crónico” (no está mal; durante años los médicos lo hemos hecho bastante peor). Esta definición se basa en que etimológicamente el término dispepsia proviene de las palabras griegas «dys» (malo o difícil) y «pepto» (cocer o digerir). Por lo tanto, su significado estricto sería «mala digestión». No obstante, en la actualidad el término dispepsia se utiliza para referirse a síntomas o grupos de síntomas que no necesariamente se relacionan con el proceso de la digestión.

Algunos médicos emplean la palabra dispepsia para referirse a cualquier tipo de molestia digestiva, otros para agrupar aquellos síntomas desencadenados por la ingesta, mientras que para otros es sinónimo de gastritis. Aún más, no es raro que ciertos profesionales cataloguen de «dispépticos» a aquellos pacientes en los que no encuentran una explicación razonable de sus molestias o, más especialmente, cuando les atribuyen un origen psicológico. Esta disparidad de interpretación de un mismo término induce al equívoco, dificultando la comunicación médica y haciendo que pacientes con síntomas diferentes, de causas diversas, sean diagnosticados de un mismo síndrome.

Resumiendo:

Definición de Gastritis: inflamación de la mucosa del estómago.

 

Definición de Dispepsia: síntoma que se atribuyen a alteraciones en la parte alta del tubo digestivo (ej.: pesadez tras la ingesta, saciedad precoz y dolor o ardor de estómago).

 

Definición de Dispepsia Funcional: dispepsia que no es atribuible a lesiones demostrables, enfermedades metabólicas ni inducida por el alcohol o fármacos, y que se deben a trastornos del, funcionamiento de la parte superior del tubo digestivo o a un aumento de su sensibilidad.

Diferentes tipos de dispepsia

Clásicamente la dispepsia se ha dividido en ulcerosa y no-ulcerosa, dependiendo de su causa. Sin embargo, esta clasificación no es adecuada ya que las úlceras (de estómago o de duodeno) son sólo una de las posibles causas orgánicas que pueden producir síntomas dispépticos. Es más apropiado clasificar la dispepsia en orgánica y no orgánica, o funcional.

Sin ninguna duda, la causa más frecuente de dispepsia es la dispepsia funcional.

Las causas orgánicas de la dispepsia son múltiples, unas digestivas y otras extradigestivas.

 

CAUSAS FUNDAMENTALES DE DISPEPSIA ORGANICA

Gástricas

            Enfermedad ulcerosa péptica

            Cáncer gástrico

Duodenales

            Enfermedad ulcerosa péptica

            Duodenitis erosiva

            Lesiones obstructivas

Otras digestivas

            Enfermedades biliares o pancreáticas

            Lesiones inflamatorias u obstructivas del intestino delgado

            Lesiones inflamatorias u obstructivas del intestino grueso

Enfermedades metabólicas

            Diabetes mellitus

            Uremia, hipercalcemia

            Enfermedad de Addison

            Hipertiroidismo, hipotiroidismo

Neuropatías y radiculopatías

Relacionadas con fármacos

            Antiinflamatorios, antibióticos, levodopa, digital, antiarrítmicos, antineoplásicos, estrógenos, progestágenos, etc.

Alcohol

QUÉ NO ES LA DISPEPSIA FUNCIONAL

  • No es la gastritis: este es un término histológico (diagnosticado en biopsias)
  • No es la aerofagia: este trastorno funcional se relaciona con la deglución de aire.
  • No es el síndrome del intestino irritable: en este trastorno las molestias se localizan en la parte inferior del abdomen y se acompañan de alteraciones del ritmo deposicional.
  • No es la enfermedad por reflujo gastroesofágico: si el ardor o la regurgitación son los síntomas predominantes no debe realizarse el diagnóstico de dispepsia funcional.
  • No es causada por la vesícula: la litiasis biliar (piedras en la vesícula) es en muchas ocasiones asintomática, y el cólico biliar tiene unas características clínicas muy concretas.
  • No es la infección por Helicobacter pylori sin lesiones gastroduodenales: gran parte de la población general asintomática está infectada por este microorganismo.
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Medicina holística

Medicina holística

Psiconeuroinmunología

Psiconeuroinmunoendocrinología

Psiconeuroinmunoendocrinogastroenterología

Etc., etc., etc.

Dr. Fermín Mearin

Dr. Fermín Mearin

Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

Es malo tomar omeprazol

Medicina holística

Miro en Internet y veo muchos anuncios sobre medicina holística; también sobre medicina integrativa. Decido buscar más información para saber cómo se relacionan (o no) ese tipo de prácticas con lo que yo hago en la consulta.

El diccionario de la Real Academia Española (RAE) dice que holístico es lo “perteneciente o relativo al holismo”. (No es gran cosa; era de esperar). Busco entonces qué es el holismo: “doctrina que propugna la concepción de cada realidad como un todo distinto a la suma de las partes que lo componen”. (No me aclara mucho).  

Sigo informándome. “La holística es aquello perteneciente al holismo, una tendencia o corriente que analiza los eventos desde el punto de vista de las múltiples interacciones que los caracterizan”. (Vale, esto ya está más claro). Lógicamente las enfermedades tienen como origen diversos factores, y entre ellos interaccionan. Pero eso es lo que cualquier buen médico debería tener en cuenta; es algo así como una medicina integrativa utilizando un modelo biopsicosocial (luego lo explicaré mejor).

Me paso entonces por la Wikipedia y encuentro: “la medicina holística es una pseudoterapia sin base científica – o medicina alternativa -​, que se basa en los poderes de sanación naturales del organismo, las formas en que los tejidos interaccionan y la influencia del medio ambiente. (Uy qué lío, ¿una pseudoterapia sin base científica?). Voy a ver qué encuentro en alguna web que sea más proclive: “La medicina holística es un método cuyo objetivo está más allá de sanar, es curar la mente, el espíritu y el alma”. (Yo en la consulta lo hago lo mejor que puedo, pero lo de curar el espíritu y el alma me parece demasiado ambicioso). (Me están poniendo las cosas difíciles).  

Necesito una visión más conciliadora. Sigo buscando por la red. Leo: “Quienes están acostumbrados a las prácticas alopáticas no suelen entender en qué consiste la medicina holística. La diferencia es que, en la última, no se intenta curar una enfermedad puntual, sino de sanar el cuerpo, el alma y la mente de una persona utilizando tanto terapias alternativas como convencionales. Este tipo de medicina entiende que una persona es atacada por enfermedades debido desequilibrios ambientales, sociales, físicos, espirituales o emocionales”. (Claro, ahora sí. Pero, insisto, eso también lo valora la medicina científica (alopática): un modelo en el que tanto los factores biológicos, emocionales y sociales influyen en la salud o la enfermedad del individuo: (el modelo biopsicosocial descrito hace ya muchos años).

Resumiendo, y de una forma muy simplista, ambas formas de medicina deben integrar diversos aspectos que afectan al ser humano: físicos, emocionales, sociales, culturales, etc.  La diferencia fundamental es que la holística emplea terapias con o sin evidencia científica de su utilidad (homeopatía, aromaterapia, flores de Bach, …), mientras que en la científica se debe haber comprobado su eficacia (Pues me quedo con la mía: la medicina científica).

¿Entonces, por qué se han apropiado «ellos» de la medicina holística?

Si, al fin y al cabo, la Medicina (con mayúscula y siendo sólo una) consiste en buscar lo mejor para cada paciente, analizando los diversos factores vitales que le acompañan, aplicando la mejor terapia posible, ¿por qué la medicina alternativa no considera holística a la medicina científica? ¿Nos tienen manía? ¿De quién es la culpa?

No creo que aquí haya culpa ni culpables, pero algo habremos hecho mal los que nos dedicamos a esto y lo basamos todo (o casi todo) en las evidencias científicas. Las personas, y sus enfermedades, son más que datos, o resultados de tests. Nos hemos acostumbrado a pedir muchas pruebas, y a casi no preguntar sobre qué es lo que le ocurre al enfermo. En las historias clínicas escribimos poco y escuchamos aún menos. Nos cuesta menos pedir un escáner o hacer una colonoscopia que indagar sobre los aspectos emocionales de nuestros enfermos.

No es que no tengamos en cuenta los aspectos personales, emocionales y sociales antes de establecer el diagnóstico, es que a la mayoría de los médicos no les interesa saberlo. Es triste, pero es así. ¿Para qué, si al final voy a pedir una analítica completa, un TAC toraco-abdominal, una gastroscopia y una colonoscopia? Eso ya me dirá lo que tiene el paciente. ¿Y si el paciente tiene pena? ¿O tiene miedo? ¿O tiene soledad o angustia? ¿Eso con que prueba se ve? ¿Con el escáner o con la colonoscopia? Y esos sentimientos influye en la aparición de los síntomas y en la forma de manifestarlos.  

Se puede aducir que esa falta de empatía no es exclusiva de determinados médicos científicos, y que también está presente en algunos holísticos, integrativos, o de Albacete. Lo mismo que ocurre con los fontaneros, los agricultores o los periodista: los hay malos y buenos.

Conclusión: Aprovechemos lo mejor de la Medicina (cualquiera que sea su rama) para ayudar más y mejor a nuestros pacientes.

Doctor, he visto que hay una especialidad nueva que se llama psiconeuroinmunología (PNI)

Nueva no es, ni tampoco – de momento – una especialidad especifica bien definida. Es una consecuencia lógica del correcto manejo de la salud y enfermedad de las personas: tener en cuenta que los aspectos psicológicos, neurológicos e inmunológicos son fundamentales e interacción entre ellos. ¿Pero no participan también los factores hormonales? Ah, es cierto, por eso algunos prefieren llamarla psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE). Pero, Dr. Mearin, ¿No participa también el aparato digestivo? Tienes razón, es verdad, mejor llamémosla: psiconeuroinmunoendocrinogastroenterología (PNIEG). ¿Y si viene un cardiólogo y nos dice que en el sistema circulatorio influyen mecanismos psicológicos, neurológicos, inmunológicos, endocrinológicos y digestivos? ¿Seguimos alargando el nombre de esa “nueva especialidad”? ¡No! Basta ya. Lo importante no es ponerles nombres a especialidades que ni están en el MIR (Médicos Internos Residentes) ni se han definido por la Comisión Nacional de Especialidades Médicas; lo importante es saber, y aplicar en la práctica clínica, que todos (TODOS) los órganos y sistemas de nuestro organismo interaccionan unos con otros. Pero eso no es nuevo, y sirve para todas las especialidades.

Lo curioso es que la mayoría de lo que ejercen la psiconeuroinmunoendocrinología ni son psicólogos, ni neurólogos, ni inmunólogos, ni endocrinos (ni tampoco gastroenterólogos). Son fisioterapeutas, nutricionistas o “coachs”. Y no me parece mal, pero lo habitual para ser superespecialista es ser primero especialista. Nuevamente, la culpa no es de los que lo hacen, si no de los (especialistas) que no lo hacen.  

¿Y si quien me atiende es un coach?

Se ha puesto de moda buscar un coach para que nos ayude: a tomar decisiones, a cuidar nuestras relaciones, a hacer una dieta saludable, a mejorar nuestro físico, a conseguir estabilidad emocional, a ser más felices, a, a, a, … Y eso está bien, muy bien. ¿Pero qué es un coach?

La palabra inglesa “coach” significa entrenador. Sin embargo, actualmente se utiliza en nuestro entorno para referirse a “una persona que se ha formado para motivar y enseñar técnicas que ayuden a alcanzar las metas que se quieren conseguir”. Yo no sé nada de este tema, y no conozco cuál es su interrelación con médicos, psicólogos o nutricionistas, ni tampoco cuál es la formación que se le exige a un coach nutricional, a un coach emocional o a un coach de salud. Lo cierto es que, si fuese a poner mi dieta, mis problemas o mis dolencias en sus manos les pediría, además de su buena voluntad (de la que no dudo), su currículum profesional.

Por si le interesa (o le preocupa), sepa que en Google puede encontrar:

Sea Coach: Curso de 20 horas; precio: 80 euros.

Fórmese como Coach profesional: Curso de 235 horas teóricas y 30 horas de prácticas: precio 4000 euros + IVA.

Certificación internacional PCC: precio 300 euros.

Fácil si se compara con el esfuerzo, el tiempo y el dinero que cuestan formaciones universitarias como fisioterapia, nutrición y dietética, enfermería, psicología o medicina.

 

Un poco de humor: En “El Club de la Comedia” un monólogo que parodia el coaching y la figura del coach.: https://youtu.be/UmyU-WdFAjI

¿Y qué hay que hacer para ser especialista en psiconeuroinmunología (PNI) o psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE)?

Tampoco lo he visto del todo claro. Hay de todo, desde “cursos” a “másters”, unos mejores y otros bastante pobres. Curiosamente, en la mayoría de ellos los profesores no son médicos. De nuevo, es posible que “la culpa” sea nuestra por no querer involucrarnos más en estas materias, pero me parece raro.

No hay uniformidad en canto a quién están dirigidos. En algunos está claramente explicitado: licenciados y diplomados en algún campo de las profesiones sanitarias tituladas de Ciencias de la salud, bioquímica, biología, ingeniería biomédica o psicología. En otros no parece exigirse una formación específica previa.

Consideración final (y muy personal)

Si holístico significa una concepción basada en la integración total y global frente a un concepto o situación, los profesionales de la salud (TODOS), lo estamos haciendo muy mal. Distintos tipos de medicina que, en el mejor de los casos, se ignoran mutuamente. Médicos que no se apoyan en psicólogas y nutricionistas. Psicólogos y nutricionistas que no colaboran con médicas. Determinados profesionales de la salud que no colaboran con fisioterapeutas, y viceversa. Intromisiones profesionales múltiples, e incluso algún intrusismo. ¡Vaya desastre!

Quizá, deberíamos parar un momento y, además de plantear una aproximación holística para nuestros pacientes, aplicarla a nuestro colectivo.

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Enfermedad inflamatoria intestinal: Enfermedad de Crohn

Enfermedad inflamatoria intestinal: Enfermedad de Crohn

Dr. Fermín Mearin

Dr. Fermín Mearin

Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

Es malo tomar omeprazol

Hace un par de años me invitaron a dar una charla a pacientes con enfermedad de Crohn. Antes de ir, por curiosidad, miré que salía en Google si tecleabas exactamente “enfermedad de Crohn”. Lo primero que vi era horripilante: imágenes de cirugía con el abdomen abierto, sangre, comentarios sobre un pronóstico fatal, etc. Pensé lo mal que debían sentirse las personas con esta enfermedad, o sus familiares, cuando buscaban información.

Antes de ponerme a escribir este artículo he hecho lo mismo: teclear en Google “enfermedad de Crohn”. La verdad es que el panorama ha cambiado mucho. En las primeras páginas hay información de muy buena calidad, incluyendo la de la Asociación de Crohn y Colitis Ulcerosa (ACCU) y la de la Asociación Española de Gastroenterología (AEG).

No obstante, decidí escribir algo que pudiera ayudar un poco a clarificar ciertas ideas, y poner en equilibrio lo que supone tener enfermedad de Crohn actualmente: mala suerte (sin duda) por padecerla, pero algo de “buena suerte” porque ahora (2021) los tratamientos son muy superiores a los que había hace poco años.

Enfermedades inflamatorias intestinales crónicas

Las enfermedades inflamatorias intestinales crónicas (EIIC), tal y como su nombre indica muy bien, consisten en la inflación del intestino (colon y/o intestino delgado), de una manera crónica (prolongada o intermitente). Se incluyen bajo este térmico la enfermedad de Crohn (EC) y la colitis ulcerosa (CU), si bien la colitis microscópica y la enfermedad celiaca son también parte de la EIIC.

De manera característica, tanto la EC como la CU cursan con periodos de actividad (lo que se llaman brotes) y periodos de remisión.

La EC y la CU comparten algunos aspectos, pero son enfermedades diferentes con sus propias particularidades: en la EC se puede inflamar toda la pared intestinal mientras que en la CU se inflama sólo la mucosa; la EC puede ocurrir en cualquier parte del intestino (grueso [ = colon] o delgado) pero la CU afecta únicamente al colon; en la CU siempre hay lesiones en el recto, pero no siempre en la EC.

Enfermedad de Crohn

La enfermedad de Crohn es una EIIC que se caracteriza por la inflamación de la pared intestinal, y afecta al intestino delgado, al intestino grueso (colon) o a ambos.

Es relativamente frecuente, habiendo aumentado considerablemente en las cuatro últimas décadas. En Europa la incidencia de EC es de unos 6 casos/100.000 habitantes-año.

Su aparición es más frecuente en personas jóvenes (15-30 años), aunque puede manifestase a cualquier edad.

¿Por qué se produce la enfermedad de Crohn?

No se sabe con precisión la causa de la EC, pero se la considera de origen autoinmune/inflamatorio en la que intervienen múltiples factores: susceptibilidad genética, estilo de vida, factores ambientales, microbiota intestinal y el propio sistema inmune. La consecuencia es un desajuste entre los procesos de inflamación-antiinflamación responsables de la aparición de un estado de inflamación crónica y la posible las lesiones desde la boca hasta el ano.

Hay que destacar que, aunque la importancia de una base genética de la EC está demostrada (estudios genéticos, estudios en familiares y en gemelos), eso no quiere decir que se trate de una enfermedad obligatoriamente hereditaria.

El tabaco es, sin duda, uno de los factores de riesgo de padecer EC.

¿Qué síntomas produce la enfermedad de Crohn?

Los síntomas más habituales de la EC son la diarrea persistente, el dolor abdominal y la pérdida de peso; la presencia de sangre en las heces y fiebre son también frecuentes. La existencia lesiones anales (fisuras y fistulas) y masas o tumefacciones abdominales, junto con la presencia de los síntomas anteriores, debe hacer sospechar una EC.

La evolución clínica de la EC es variable, pudiendo alternar periodos con pocas molestias (estado de remisión) con otros de síntomas importantes (“brotes”).

¿Cómo se diagnostica la enfermedad de Crohn?(¿qué me puede ocurrir?)

  • El diagnóstico de EC se obtiene cuando los síntomas son compatibles y las pruebas complementarias lo apoyan.  Será preciso realizar una analítica en sangre completa, así como una colonoscopia con visualización de la parte final del intestino delgado (ileoscopia) con toma de biopsias. En determinadas circunstancias también serán de ayuda TAC abdominal, entero-resonancia u otras pruebas de imagen.

    Es fundamental que el médico especialista descarte otras enfermedades cuyos síntomas puedan parecerse a la EC.

Características de la enfermedad de Crohn

La EC es muy heterogénea, tanto en la edad de presentación como en su localización y comportamiento. Con el fin de agrupar a los pacientes en diferentes categorías, y ayudar a seleccionar los tratamientos de una manera lo más individualizada posible, se ha establecido una clasificación (llamada de Montreal).

 Según la edad de comienzo (Age):

A1. Comienzo hasta los 16 años

A2. Comienzo entre los 17 y los 40 años

A3. Comienzo por encima de 40 años

Según la localización (Location):

L1. Afecta íleon terminal (10-30% de los casos)

L2. Afecta a colon (20-30% de los casos)

L3. Afecta a íleon terminal y colon (60-65 % de los casos)

L4. Afecta a la parte superior del tubo digestivo (además de las anteriores) (1-10% de los casos.

Según el comportamiento de la enfermedad (Behavior):

B1. Patrón inflamatorio: Los síntomas son la consecuencia de la inflamación intestinal y la presencia de úlceras, consistiendo en diarrea (con o sin sangre), dolor abdominal, anemia y pérdida de peso. No es estenosante ni perforante.

B2. Patrón estenosante: Presencia de fibrosis (tejido cicatricial) y estenosis (estrecheces a lo largo del tubo digestivo). Ocurren debido a la cicatrización de las lesiones inflamatorias, seguidas de retracción y estrechamiento de la luz intestinal. Los síntomas son la consecuencia de la dificultad de paso del bolo alimenticio a lo largo del intestino: dolor abdominal tras la ingesta, hinchazón, dificultad para expulsar heces y gases, y a veces vómitos.

B3. Perforante: aparición de complicaciones (fístulas y/o abscesos) debidas a la presencia de úlceras profundas que penetran a través de todas las capas del intestino hasta perforar la serosa (capa externa del intestino). Las perforaciones pueden “taparse” de forma espontánea por la grasa que rodea el intestino, o buscar un camino de salida en otras asas intestinales (fístulas entero-entéricas) u órganos vecinos (vejiga, vagina, colon).

P. Perianal: cuando a cualquiera de las situaciones anteriores se le añaden lesiones perineales (fisuras, fístulas o abscesos en la zona que rodea el ano).

¿Cuál es la evolución de la enfermedad de Crohn? (¿qué me puede ocurrir?)

  • Los pacientes con EC pueden pasar periodos prolongados de tiempo sin apenas síntomas (estado de remisión), pero es común que a lo largo de su vida la enfermedad presente fases o períodos de exacerbación (“brotes”).

    No está claro qué es lo que determina la aparición de brotes en la EC. Lo que sí se ha demostrado es el efecto claramente perjudicial del tabaco. La toma de antiinflamatorios y el estrés también puede desencadenar un brote en pacientes susceptibles.  Por el contrario, el papel de la dieta parece ser escaso.

    Los pacientes con EC deben seguir controles periódicos por un médico especialista para valorar los síntomas, así como evaluar el grado de inflamación intestinal, y la presencia y evolución de las lesiones. Para tal fin, y de acuerdo a cada caso, se solicitará cuando sea preciso análisis de sangre, calprotectina fecal, colonoscopia, resonancia magnética, u otras pruebas.

 Manifestaciones extradigestivas de la de la enfermedad de Crohn

  • Algunos pacientes con EC (entre 20-40% a lo largo del tiempo) pueden tener síntomas o alteraciones en otros lugares, además del intestino:

    • Ojos: uveítis, epiescleritis.
    • Articulaciones: dolor o inflamación en las articulaciones y/o en la zona lumbar.
    • Piel: eritema nodoso (lesiones rojas, nodulares y dolorosas bajo la piel) o pioderma gangrenoso (lesiones pequeñas rojas que progresan a úlceras profundas).
    • Hígado y la vía biliar: hepatitis, cálculos biliares (piedras en la vesícula), colangitis.
    • Anemia (o ferropenia): es muy frecuente y de origen multifactorial (pérdida de hierro por sangrado, déficit de aporte vía oral, disminución del apetito, y dificultad de la médula ósea para producir nuevos hematíes, debido a mecanismos inflamatorios).
    • Alteraciones en la coagulación: estado protrombótico (mayor predisposición a sufrir trombosis).
    • Malnutrición: tanto de macronutrientes (proteínas, grasas y carbohidratos) como de micronutrientes (hierro, calcio, magnesio, ácido fólico, vitaminasB12, A, D, K y E, etc.).
    • Otras: cálculos renales, osteoporosis.

    Todas estas posibles dolencias deben ser evaluadas por el médico gastroenterólogo, y tratados (o derivadas al especialista correspondiente) para su correcto manejo.

    Es importante recordar que estas manifestaciones extradigestivas de la EC, si bien pueden aparecer en algún momento, este no será el caso en muchos de los enfermos (60-80%).

Tratamiento de la de la enfermedad de Crohn

  • El objetivo del tratamiento es controlar los síntomas, evitar las complicaciones y prevenir los brotes, con la consecuente mejoría en la calidad de vida. No existe en la actualidad un tratamiento que “cure” la enfermedad y la haga desaparecer para siempre.

    Dependiendo de la tipo, extensión y gravedad de cada caso se utilizan distintos tratamientos: corticoides, inmunomoduladores, antibióticos, terapias biológicas y cirugía.

    • Corticoides de acción sistémica (prednisona, metilprednisolona), por vía oral o intravenosa.
    • Corticoides de acción local (budesónida) vía oral y rectal.
    • Inmunomoduladores (azatioprina, mercaptopurina, metotrexato).
    • Terapias biológicas (infliximab, adalimumab, golimumab, certolizumab, vedolizumab). Unos de uso intravenoso y otros subcutáneo.

     

    La elección de uno u otro, la combinación de varios, las dosis, y la duración del tratamiento debe decidirla un médico especializado dependiendo de las características individuales de cada caso.

    Los efectos beneficiosos de los diferente fármacos, y sus posibles efectos adversos, deben ser discutidos por médico y paciente a fin de tomar decisiones consensuadas.

    Es fundamental que el paciente cumpla de manera estricta el tratamiento, y siga las recomendaciones de su médico.

     

    En algunos casos de EC, debido a la ausencia de mejoría con el tratamiento médico o la presencia de complicaciones, es necesario realizar cirugía.

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Enfermedad inflamatoria intestinal: Colitis ulcerosa

Enfermedad inflamatoria intestinal: Colitis ulcerosa

Dr. Fermín Mearin

Dr. Fermín Mearin

Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

Es malo tomar omeprazol

Enfermedades inflamatorias intestinales crónicas

Las enfermedades inflamatorias intestinales crónicas (EIIC), tal y como su nombre indica muy bien, consisten en la inflación del intestino (colon y/o intestino delgado), de una manera crónica (prolongada o intermitente). Se incluyen bajo este térmico la colitis ulcerosa (CU) y la enfermedad de Crohn (EC), si bien la colitis microscópica y la enfermedad celiaca son también parte de la EIIC.

De manera característica, tanto la CU como la EC cursan con periodos de actividad (lo que se llaman brotes) y periodos de remisión.

La CU y la EC comparten algunos aspectos, pero son enfermedades diferentes con sus propias particularidades: en la CU se inflama la mucosa intestinal mientras que en la EC se puede inflamar toda la pared; la CU afecta al colon mientras que la EC puede ocurrir en cualquier parte del intestino (grueso [ = colon] o delgado); en la CU siempre hay lesiones en el recto, pero no siempre en la EC.

Colitis ulcerosa

La colitis ulcerosa es una EIIC que se caracteriza por la inflamación de la mucosa del colon; afecta de manera variable a parte o toda su extensión, desde la parte más distal (el recto) hasta la proximal (el ciego).

Es una enfermedad frecuente, presente en todo el mundo, y con un aumento progresivo durante las últimas décadas. Afecta del igual modo a ambos sexos, y puede aparecer en cualquier momento de la vida, aunque es más frecuente en jóvenes (15-30 años) y, en menor grado, en adultos mayores (50-70 años).

¿Por qué se produce la colitis ulcerosa?

No se sabe con precisión la causa de la CU, pero se la considera de origen autoinmune/inflamatorio en la que intervienen múltiples factores: susceptibilidad genética, estilo de vida, factores ambientales, microbiota intestinal y el propio sistema inmune. La consecuencia es un desajuste entre los procesos de inflamación-antiinflamación responsables de la aparición de las lesiones en el colon: úlceras de profundidad y extensión variables.

Hay que destacar que, aunque la importancia de una base genética de la CU está demostrada (estudios genéticos, estudios en familiares y en gemelos), eso no quiere decir que se trate de una enfermedad obligatoriamente hereditaria.

¿Qué síntomas produce la colitis ulcerosa?

Los síntomas más habituales de la CU son la diarrea persistente, sangre en las heces y dolor abdominal. La diarrea suele ser tanto diurna como nocturna, y la sangre en las heces puede acompañarse de moco y/o pus.

Los síntomas dependen de dónde se localice la inflamación y de su severidad. Así, cuando la enfermedad está limitada al recto (proctitis ulcerosa) existe la sensación permanente de tener que defecar (tenesmo) y de evacuación incompleta; también es frecuente la emisión de pequeñas cantidades de heces, mezcladas con sangre, moco y pus (se les llama esputos rectales).

La gravedad depende fundamentalmente de la extensión e intensidad de la inflamación en el colon. En los casos graves puede haber fiebre, malestar importante y afectación del estado general.

¿Cómo se diagnostica la colitis ulcerosa?

El primer paso en el diagnóstico de CU es su sospecha clínica mediante una entrevista médica bien realizada. Para confirmar la inflamación colónica, y descartar otras enfermedades con síntomas parecidos, lo más frecuente es realizar una colonoscopia con toma de biopsias.

En los pacientes con CU se observa una inflamación continua del colon, que se inicia en el recto y se extiende – en menor o mayor medida- hacia el resto del colon sin dejar zonas indemnes (zonas no afectadas). Por el contrario, en la enfermedad de Crohn las lesiones son “parcheadas” (discontinuas y salteadas).

¿Cuál es la evolución de la colitis ulcerosa? (¿qué me puede ocurrir?)

  • Los pacientes con colitis ulcerosa pueden pasar periodos prolongados de tiempo sin apenas síntomas (estado de remisión), pero es común que a lo largo de su vida la enfermedad presente fases o períodos de exacerbación (“brotes”).

    No todos los brotes tienen la misma gravedad y esta, como se ha dicho anteriormente, depende del grado de extensión e intensidad de la inflamación:

    • Se dice que un brote es leve cuando el paciente presenta menos de 4 deposiciones al día, sin apenas sangre; no hay fiebre, taquicardia ni anemia. Estos pacientes podrán ser tratados en su mayoría de forma ambulatoria.
    • Un paciente presenta un brote grave cuando el número de deposiciones es superior a 6 al día, existe sangre roja y abundante en las heces, más de 90 pulsaciones por minuto, fiebre superior a 37.7ºC y anemia. Estos casos suelen requerir ingreso en el hospital.
    • Los casos intermedios (brotes moderados) presentan características intermedias entre los previos (leve y grave). En muchos casos se pueden tratar ambulatoriamente, pero bajo vigilancia cercana.

    Hay que recordar de nuevo que, antes de establecer el diagnóstico de CU, el médico debe descartar otras enfermedades que producen manifestaciones semejantes.

    La extensión de la CU es muy variable y puede cambiar a lo largo del tiempo. La progresión de proctitis a colitis derecha se produce en el 25-30% de los casos, y de colitis derecha a colitis extensa en el 10-30%.

Manifestaciones extradigestivas de la colitis ulcerosas

Algunos de los pacientes con CU pueden tener síntomas o alteraciones en otros lugares, además del colon:

  • Articulaciones: dolor o inflamación en las articulaciones y/o en la zona lumbar.
  • Piel: eritema nodoso (lesiones rojas, nodulares y dolorosas bajo la piel) o pioderma gangrenoso (lesiones pequeñas rojas que progresan a úlceras profundas).
  • Ojos: uveítis, epiescleritis.
  • Hígado: elevación de las transaminasas o de enzimas de colestasis. Cuando son persistentes y se acompañan de picor, fiebre o malestar general, es importante descartar una colangitis esclerosante primaria.
  • Anemia (o ferropenia): es muy frecuente y de origen multifactorial (pérdida de hierro por sangrado, déficit de aporte vía oral, disminución del apetito, y dificultad de la médula ósea para producir nuevos hematíes, debido a mecanismos inflamatorios).
  • Alteraciones en la coagulación: estado protrombótico (mayor predisposición a sufrir trombosis).
  • Otras: cálculos renales, osteoporosis.

Todas estas posibles dolencias deben ser evaluadas por el médico gastroenterólogo, y tratados (o derivadas al especialista correspondiente) para su correcto manejo.

Es importante recordar que estas manifestaciones extradigestivas de la CU, si bien pueden aparecer en algún momento, nunca se producirán en muchos de los enfermos.

Tratamiento de la colitis ulcerosa

  • El objetivo del tratamiento es controlar los síntomas, evitar las complicaciones y prevenir los brotes, con la consecuente mejoría en la calidad de vida. No existe en la actualidad un tratamiento que “cure” la enfermedad y la haga desaparecer para siempre.

    Dependiendo de la extensión y gravedad de cada caso se utilizan distintos tratamientos:

    • Mesalazina (5-aminosalicílico), ya sea por vía oral o tópica (supositorios, enemas o espuma rectal).
    • Corticoides de acción local (beclometasona por vía oral y budesonida en forma de enemas).
    • Corticoides de acción sistémica (prednisona, metilprednisolona), por vía oral o intravenosa.
    • Inmunomoduladores (azatioprina, mercaptopurina, metotrexato).
    • Terapias biológicas (infliximab, adalimumab, golimumab, certolizumab, vedolizumab); unos de uso intravenoso y otros subcutáneo.

     

    La elección de uno u otro, la combinación de varios, las dosis, y la duración del tratamiento debe decidirla un médico especializado dependiendo de las características individuales de cada caso.

    Los efectos beneficiosos de los diferente fármacos, y sus posibles efectos adversos, deben ser discutidos por médico y paciente a fin de tomar decisiones consensuadas.

    Es fundamental que el paciente cumpla de manera estricta el tratamiento, y siga las recomendaciones de su médico.

     

    En algunos casos excepcionales, la ausencia de mejoría con el tratamiento médico o la presencia de complicaciones (hemorragia grave, dilatación aguda del colon [megacolon tóxico] o perforación) obligan a realizar cirugía para extirpar el colon. En estos casos, para evitar que el paciente quede con una ileostomía (“ano artificial” = bolsa) se construye quirúrgicamente un “nuevo recto” con un asa del propio intestino delgado.

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