Molestias digestivas durante el embarazo

Molestias digestivas durante el embarazo

Dr. Fermín Mearin

Dr. Fermín Mearin

Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

Molestias digestivas y embarazo

El embarazo debería ser una época feliz para la mujer, en la que espera con ilusión el nacimiento de su hijo. Sin embargo, en algunas ocasiones aparecen síntomas digestivos que pueden hacer molesto este periodo. Así, es frecuente que las mujeres embarazadas padezcan náuseas, ardores, estreñimiento, etc. Los motivos por los que aparecen estos síntomas son múltiples, pero están muy relacionados con los cambios hormonales.

Ardores durante el embarazo

Los ardores (lo que los médicos llamamos enfermedad por reflujo gastroesofágico –ERGE-) aparecen aproximadamente entre el 30 y el 70% de las mujeres embarazadas. De forma mayoritaria los estudios demuestran que su frecuencia aumenta conforme el embarazo está más avanzado, aunque también pueden estar presentes en el primer y segundo trimestre. En una investigación realizada en mujeres inglesas embarazadas se comprobó que los ardores estaban presentes en el 22% durante el primer trimestre y hasta en el 72% durante el tercer trimestre. Afortunadamente, las complicaciones de la enfermedad por reflujo durante la gestación, como el desarrollo de esofagitis son raras, y en cualquier caso, los síntomas debidos al reflujo gastroesofágico están limitados al periodo del embarazo, desapareciendo en la mayoría de casos con posterioridad al parto sin dejar secuelas ni en la madre ni en el feto.

¿Por qué se producen los ardores durante el embarazo?

Los principales mecanismos por los que se produce reflujo gastroesofágico durante el embarazo son: 1. Disminuye la fuerza (la presión) de la válvula que separa el estómago del esófago y que impide el paso del ácido gástrico; 2. El estómago se vacía más lentamente; 3. Aumenta la presión en el abdomen por el tamaño del útero gestante. Por suerte, estas alteraciones son transitorias y desaparecen después del parto.

Las hormonas sexuales femeninas (tanto los estrógenos como la progesterona) son las causantes de la disminución de la fuerza de la válvula que separa el estómago del esófago, lo que permite que el ácido ascienda y produzca los ardores. A su vez, el enlentecimiento del vaciado del estómago puede ser causa de reflujo gastroesofágico, y en las mujeres embarazadas se ha podido también observar un vaciamiento gástrico retardado, probablemente mediado por el efecto de la progesterona sobre la musculatura gástrica. Por último, el aumento de la presión dentro del abdomen causada por el progresivo tamaño del útero gestante ha sido uno de los mecanismos que históricamente se ha considerado responsable del incremento de los ardores durante el último trimestre del embarazo.

¿Hay que hacer alguna prueba cuando se tiene ardores durante el embarazo?

La historia clínica suele ser suficiente para diagnosticar una enfermedad por reflujo en las pacientes embarazadas, y en el caso en que fuese necesario, se puede realizar una endoscopia digestiva para completar el estudio diagnóstico. Sin embargo, en la inmensa mayoría de casos no es necesario realizar ninguna prueba, pues los síntomas más frecuentes como los ardores y la regurgitación tienen suficiente valor diagnóstico. Por otra parte, la presencia de complicaciones es excepcional, por lo que podemos realizar tratamiento médico sin que sea necesario realizar pruebas.

¿Cuál es el tratamiento de los ardores durante el embarazo?

El tratamiento de los ardores en las mujeres embarazadas está limitado por los potenciales efectos adversos de los distintos fármacos sobre el feto. Por otro lado, estos efectos adversos sólo han podido estudiarse en animales, por lo que los datos son orientativos, y en ningún caso totalmente extrapolables al ser humano. Por todo esto, debe insistirse inicialmente en las medidas más naturales y el control de la dieta. Entre estas medidas se encuentran el elevar el cabezal de la cama, realizar comidas repetidas y de pequeño volumen, o evitar comer o beber en las tres horas previas a acostarse. En el caso en que estas medidas no sean suficientes pueden utilizarse como primera medida fármacos que no tengan efecto sistémico, como los antiácidos o el sucralfato. 

Cuando los síntomas no se controlan con los fármacos antes descritos debemos plantear el uso de sustancias que actúen por vía general, inhibiendo la secreción de ácido gástrico. Durante muchos años se utilizó la ranitidina. Así, los estudios experimentales realizados en animales demostraron que no atraviesa la placenta, no se excreta en la leche materna y carece de efectos importantes sobre el feto. La FDA (agencia americana que controla los medicamentos) ha catalogado a la ranitidina y la famotidina como fármacos bastante seguros durante el embarazo. Sin embargo, desde hace un año la ranitidina ha sido retirada del mercado debido a que contienen N-Nitrosodimetilamina (NDMA). Por tanto, como alternativa, pueden emplearse la famotidina, especialmente a partir del segundo trimestre, aunque no existe tanta experiencia como con ranitidina en su utilización durante el embarazo.

En lo que se refiere a los inhibidores del ácido más potentes (tipo omeprazol) son los fármacos que han demostrado controlar de forma más eficaz cualquiera de las manifestaciones clínicas de la enfermedad por reflujo en la población general. El omeprazol fue el primero en aparecer de los fármacos de esta familia, y es con el que más experiencia clínica hay. Se han publicado casos en los que, bien fuese por exposición materna accidental al omeprazol durante el primer trimestre del embarazo o por su indicación médica para el tratamiento de situaciones graves de hiperacidez, se ha utilizado sin que se detectasen alteraciones en la gestación ni en el recién nacido. Además, un análisis en más de 1500 mujeres embrazadas n datos sobre un estudio que incluía a 113 mujeres que durante el embarazo habían tomado omeprazol concluyó que no había un incremento del riesgo de malformaciones fetales, de abortos espontáneos, de un menor peso fetal, ni de complicaciones perinatales. Por otro lado, los estudios realizados en animales de experimentación con lansoprazol, pantoprazol y rabeprazol tampoco han demostrado que tengan efectos perjudiciales sobre el feto.

Así, todo indica, que los inhibidores del ácido, y específicamente el omeprazol, tienen un adecuado perfil de seguridad durante el embarazo.

En cualquier caso, si usted tiene alguna duda consulte a su médico.

Gill SK, O’Brien L, Einarson TR, Koren G. The safety of proton pump inhibitors (PPIs) in pregnancy: a meta-analysis.  Am J Gastroenterol. 2009;104:1541-5.

¡Feliz embarazo! 

embarazo
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Estreñimiento

Estreñimiento

Muy frecuente, muy molesto y muy mal tratado 

Dr. Fermín Mearin

Dr. Fermín Mearin

Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

Estreñimiento

¿Interesa este problema a los médicos? 

El estreñimiento es un problema que muchos pacientes sufren a diario durante años. En otras palabras, con frecuencia el estreñimiento es un problema crónico.

¿Y a quién le interesa este problema? Pues sólo a un pequeño número de médicos que investigamos sobre el tema, y ¡¡¡a decenas de miles de pacientes que lo padecen!!! Pero si los pacientes existen y son muchos ¿cuál es el motivo por el que tan pocos médicos les hacen caso? Esta pregunta me la he hecho cientos de veces y su contestación no es fácil. Una respuesta podría ser: ¡los médicos no son estreñidos!, pero me parece demasiado ingenua. En mi opinión el quid de la cuestión estriba en el concepto de salud que los médicos han tenido durante muchos años. Curar consistía en salvar la vida, o aliviar un sufrimiento intenso, a un enfermo grave; era un acto que se veía como algo heroico tanto por los propios médicos como por los enfermos. Sin embargo, en la actualidad el concepto de salud ha cambiado y ahora la gente (y también la Organización Mundial de la Salud, la OMS) engloba junto con la salud conceptos como el bienestar y la calidad de vida. Por eso, actos aparentemente banales como pueden ser el comer o el defecar, y cuya alteración se consideraba poco importante adquieren relevancia. «Ya sé que de esto no voy a morirme, pero no quiero estar así toda la vida», comentan los pacientes.

¿Qué es el estreñimiento?, ¿Tengo yo estreñimiento?

El estreñimiento es un síntoma, es decir, la manifestación subjetiva de un estado de malestar. Por tanto, al ser subjetivo, su significado puede ser distinto para diferentes personas: mientras que para algunos indica dificultad en la evacuación de las heces, emisión de heces de escaso volumen o de consistencia demasiado dura, o dolor durante la defecación, para otros significa evacuación infrecuente o sensación de evacuación incompleta.

¿Qué entiende el médico por estreñimiento?

Para el médico el criterio más ampliamente aceptado para establecer el diagnóstico de estreñimiento es la frecuencia de las evacuaciones. En general se acepta que es normal tener entre tres y veinte deposiciones por semana. Así, de acuerdo con este criterio, se diagnostica a un paciente de estreñimiento cuando realiza menos de tres deposiciones por semana.

¿Qué entiende el paciente por estreñimiento?

Para el paciente no sólo es importante la frecuencia de las deposiciones sino también otros aspectos tales como la consistencia de las heces, el esfuerzo excesivo durante la defecación, la sensación de que la evacuación no ha sido completa, la existencia de molestias anales al defecar, y otros síntomas como pueden ser la distensión o la molestia abdominal. Debido a que estas quejas son difíciles de medir, al contrario de lo que ocurre con el número semanal de deposiciones, su valor ha sido puesto en duda por los médicos durante muchos años. Sin embargo, en la actualidad estas molestias también deben ser tenidas en cuenta a la hora de valorar el estreñimiento y, de hecho, han sido incluidas en las últimas definiciones. No hay duda de que el médico debe reconocer todo aquello por lo que el paciente se queja, lo más objetivo y lo más subjetivo, para así poder proporcionar una ayuda integral y conseguir mejorar en su conjunto la calidad de vida.

¿Es muy frecuente el estreñimiento?

es muy frecuente el estreñimiento

El estreñimiento es uno de los trastornos digestivos crónicos más frecuentes. Su frecuencia puede variar según el concepto de estreñimiento que se utilice. Si se contempla sólo la frecuencia de deposiciones por semana, su frecuencia es de aproximadamente el 5% de la población, mientras que si se considera estreñimiento como dificultad o esfuerzo al defecar la frecuencia llega hasta el 20-30% (o lo que es lo mismo, una de cada 4 o 5 personas tiene estreñimiento).

Referente al género, durante la infancia es más frecuente en varones, pero en la edad adulta afecta más al sexo femenino que al masculino en una relación aproximada de 4-5 mujeres por cada varón. Por encima de los sesenta y cinco años la frecuencia aumenta en ambos sexos.

¿Cuál es la importancia del estreñimiento crónico? ¿Cuáles pueden ser sus consecuencias?

En la mayoría de los casos el estreñimiento no es un proceso grave; puede ser muy molesto pero, como digo, por lo general, no es grave. Las complicaciones son infrecuentes y sólo se producen en aquellos pacientes con estreñimiento muy importante.

Entre las complicaciones (o consecuencias) más habituales están el desarrollo de hemorroides o de fisuras anales. Las primeras aparecen por el esfuerzo excesivo durante el acto de la defecación, produciéndose la dilatación de las venas internas o externas del ano; a las segundas contribuye, además, el paso de heces duras a través del ano, con lo que se favorece la aparición y cronificación de la herida (la fisura).

 

Un aspecto que frecuentemente preocupa a los pacientes con estreñimiento es la posibilidad de que, por este motivo, se les desarrolle un cáncer de colon. Aquí hay que decir que no existe ningún dato que confirme dicha posibilidad. El estreñimiento, por sí mismo, no favorece la aparición de cáncer.

También incomoda a los pacientes qué puede ocurrir con las sustancias retenidas en el intestino. Ciertamente, durante muchos años se habló de que la retención de las heces en el colon era perjudicial porque se absorbían determinadas sustancias tóxicas, pero no hay ninguna evidencia científica que apoye este pensamiento (la persistencia de las heces en el colon no es buena, pero tampoco es dañina). Por tanto, las tan anunciadas “limpiezas de colon” ni desintoxican el intestino ni tienen ningún efecto terapéutico para el estreñimiento (salvo la limpieza temporal del mismo).

Quede aquí el mensaje de que el estreñimiento (en la gran mayoría de los casos) no es una enfermedad grave. Puede ser muy molesto, pero no grave. Tiene que ser valorado, controlado y tratado … pero sin asustarse.

¿Por qué se produce el estreñimiento?

El estreñimiento puede tener múltiples causas. Lo más frecuente es que se produzca por trastornos del funcionamiento del propio intestino (a esto los médicos le llamamos estreñimiento primario) pero siempre debe descartarse que no sea la manifestación de otra enfermedad (le llamamos estreñimiento secundario), ya que el tratamiento puede ser muy diferente.

¿Cuáles son las causas más frecuentes de estreñimiento secundario (el que es debido a otra enfermedad)?

Una de las causas más frecuentes de estreñimiento secundario es la toma de algunos medicamentos. Así, las medicaciones utilizadas para el tratamiento del dolor, de la hipertensión arterial, de las enfermedades neurológicas o de la depresión, entre otras, pueden ocasionar estreñimiento (En la tabla se muestran los medicamentos que más frecuentemente producen estreñimiento). Por otra parte, es sabido que el consumo crónico de laxantes irritantes aumenta y perpetua el estreñimiento, y puede conducir a la falta de movilidad del colon.

Algunos medicamentos que pueden producir estreñimiento

  • Analgésicos
  • Anestésicos
  • Antiácidos (compuestos con calcio o aluminio)
  • Anticolinérgicos
  • Anticonvulsivantes
  • Antidepresivos (tricíclicos o inhibidores de la MAO)
  • Sulfato de bario
  • Bismuto
  • Diuréticos
  • Hierro
  • Antihipertensivos (antagonistas del calcio, bloqueadores ganglionares)
  • Intoxicación por metales (arsénico, plomo, mercurio, fósforo)
  • Opiáceos
  • Abuso de laxantes

Las enfermedades endocrinas y metabólicas también pueden ser motivo de estreñimiento. Por su frecuencia relativa cabe destacar la diabetes y el hipotiroidismo, pero en la tabla se muestran otras posibles causas.

Enfermedades endocrinas y metabólicas que pueden producir estreñimiento

  • Diabetes mellitus
  • Hipotiroidismo
  • Panhipopituitarismo
  • Feocromocitoma
  • Glucagonoma
  • Porfiria
  • Amiloidosis
  • Hipercalcemia
  • Hipopotasemia
  • Uremia

Las alteraciones neurológicas, es decir del sistema nervioso, (pero del sistema nervioso de verdad, no de los nervios = ansiedad) frecuentemente se acompañan de una disminución de los movimientos intestinales y producen estreñimiento. Es habitual que los pacientes con esclerosis múltiple, con lesiones de la médula espinal o con enfermedad de Parkinson padezcan trastornos del hábito deposicional.

No hay que olvidar tampoco que el estreñimiento puede ser la manifestación de una enfermedad grave del intestino. Por su importancia debe recordarse que esta puede ser la primera manifestación de un tumor del colon, benigno o maligno. De tal forma que, si el estreñimiento ha comenzado hace poco tiempo, y muy especialmente si se acompaña de sangre mezclada con las deposiciones, debe descartarse la existencia de un cáncer de colon. Esto no quiere decir, ni mucho menos, que siempre que se tenga estreñimiento y se observe sangre en las heces tenga que haber un cáncer, pero es aconsejable acudir al médico (no lo dude).

 

Por último, quiero mencionar que las lesiones en el ano, tales como las hemorroides o las fisuras, pueden inducir al estreñimiento ya que, al producirse dolor durante la defecación, la persona, inconscientemente, tiende a reprimir el acto defecatorio.

 

Una vez se han recordado las posibles enfermedades que producen estreñimiento hay que hacer énfasis en que, en la mayoría de las ocasiones, este se produce sin una causa clara y es el resultado de una dieta inapropiada o de alteraciones en el funcionamiento del colon, del recto o del ano. Es, como se ha dicho anteriormente, lo que los médicos llamamos “estreñimiento primario”.

¿Cuáles son las causas más frecuentes de estreñimiento primario (el que no es debido a otra enfermedad)?

La mayoría de los pacientes con estreñimiento crónico sin causa aclarada (estreñimiento primario) presentan alguna anomalía en el funcionamiento del colon, el recto o el ano.

Para que el acto de la defecación se realice de forma adecuada es necesario que se produzcan una serie de procesos. En primer lugar, que las deposiciones lleguen convenientemente al recto; para ello es preciso que el colon se mueva correctamente. En segundo lugar, la sensibilidad del recto debe ser normal para que cuando lleguen las heces la persona lo perciba y se produzca el deseo de defecar. En tercer lugar es necesario que, durante la defecación, se ejerza una adecuada contracción del abdomen (es decir, comprimir la barriga) para así favorecer la salida de las heces. Por último, para que la deposición sea expulsada de una forma natural es preciso que el ano (el esfínter anal) se relaje durante la defecación. Si se altera alguno de estos factores se producirá estreñimiento.

 

Por tanto, las anomalías que pueden producir estreñimiento primario son básicamente cuatro: 1. La disminución de los movimientos del colon; 2. La ausencia de relajación anal; 3. La escasa sensibilidad del recto; y 4. La falta de fuerza abdominal (Figura 2).

estreñimiento primario

Hagamos un breve resumen de estas cuatro posibilidades. Los pacientes que padecen estreñimiento por disminución de los movimientos del colon tienen un tránsito de las heces muy lento, bien sea a lo largo de todo el colon o en alguna de sus partes. Por lo tanto, el problema es que las heces tardan mucho en llegar al recto y, por eso, las deposiciones no se producen con la frecuencia normal. En otras personas es posible que, aunque las heces lleguen al recto, el paciente no sea capaz de sacarlas. Este hecho puede deberse a que no se produzca una contracción abdominal con la suficiente fuerza como para expulsar las heces o a que no se realice una adecuada apertura del ano durante la defecación. El primer mecanismo se presenta en enfermos que han perdido mucha musculatura y también en algunas personas ancianas. El segundo mecanismo consiste en que, al defecar, algunos pacientes estreñidos cierren el ano, de forma involuntaria, en lugar de abrirlo. Esta maniobra, lógicamente, dificulta en gran manera la expulsión fecal. Por último, existe un grupo de pacientes con estreñimiento en los que el problema es que han perdido la sensibilidad rectal, es decir que, aunque las heces lleguen al recto no lo notan y por tanto no sienten el deseo de defecar. En muchas ocasiones esto ocurre por haber ignorado este deseo durante muchos años (“no ir al retrete cuando se tenían ganas”) debido a condicionamientos personales o sociales. En otras ocasiones la disminución de la sensibilidad se debe a lesiones en los nervios encargados de transmitir las sensaciones hacia el cerebro.

Cuando se realiza una valoración científica y pormenorizada de las causas de estreñimiento es frecuente encontrar varias de las alteraciones previamente descritas en un mismo paciente.

¿Qué pruebas hay que hacer cuando se tiene estreñimiento?

En la mayoría de los casos no es necesario hacer ninguna prueba y basta con obtener la opinión de un médico especializado. El médico querrá saber una serie de datos que le serán de ayuda: la edad, los antecedentes familiares, los hábitos dietéticos, las costumbres de vida, si fuma o bebe, si toma medicamentos, si tiene (o ha tenido) alguna enfermedad, etc. Es fundamental que el médico conozca el concepto de estreñimiento del propio paciente (hemos dicho anteriormente que pueden existir diferencias sobre lo que médicos y pacientes consideran como estreñimiento), y le pregunte sobre el motivo que le ha hecho acudir a la consulta. Ante un estreñimiento de inicio reciente siempre debe descartarse una causa orgánica (estreñimiento secundario). Por el contrario, cuanto mayor sea el tiempo de evolución más probable es que se trate de un estreñimiento primario.

 

La existencia de un gran esfuerzo durante el acto de la defecación sugiere un problema en la expulsión de las heces, debiéndose estudiar una posible alteración en la relajación del ano al defecar. El dolor durante la defecación aparece cuando existen lesiones del ano como fisuras o hemorroides. Debe descartarse siempre el cáncer de colon o de recto ante un paciente con un cambio reciente en la forma y consistencia de las deposiciones, sensación permanente de necesidad de evacuar, y sangre en las heces. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la causa más frecuente de sangre roja en las heces es debida a las hemorroides.

 

Tras haber conocido los antecedentes médicos y haber examinado al paciente, el médico decidirá si es necesario efectuar alguna prueba para conocer cuál es la causa del estreñimiento. No siempre hay que realizarlas todas, muchas veces es suficiente con una o dos, y en muchas ocasiones sólo se necesita «el ojo clínico» del médico. Tales pruebas incluyen un análisis de sangre, y los estudios de la anatomía (para buscar si hay alguna lesión) y del correcto funcionamiento del colon, recto y ano.

¿Es muy complicado o molesto estudiar la causa del estreñimiento? Porque, a lo mejor, no merece la pena.

No, no es ni muy complicado ni muy molesto; sólo hace falta encontrar un médico que sepa lo que hace, que tenga un poco de paciencia, los aparatos necesarios para estudiar el comportamiento del intestino, y mucho sentido común (el menos común de los sentidos). La valoración del tipo de estreñimiento es, por lo general, sencilla y las pruebas que se realizan no tienen porqué ser molestas.

 El estudio de la anatomía se puede realizar, dependiendo del caso, mediante radiografías con contraste o mediante endoscopia, siendo esta última la preferible. La colonoscopia consiste en la introducción a través del ano de una sonda que tiene una minicámara en la punta para poder examinar el colon y mirar si hay lesiones. Es una prueba con “mala fama” porque antes se hacía despierto, pero ahora se realiza con sedación profunda con lo que no produce nada de molestia. 

 

Para conocer con precisión porqué se produce el estreñimiento crónico primario (cuando algo funciona mal en el propio colon, recto y/o ano) existen diversos estudios que pueden ser de utilidad: A. La manometría anorectal es una exploración muy sencilla y útil; no es nada molesta. Consiste en medir las presiones (mano = presión) en el recto y el ano. Debe realizarse cuando se sospecha que el estreñimiento es debido a una dificultad en la expulsión de las heces por falta de apertura del ano durante la defecación. También aporta mucha información en los casos de estreñimiento por enfermedades neurológicas o musculares. B. Estudio de la sensibilidad rectal. Se realiza hinchando un baloncito dentro del recto y determinando el volumen necesario para que el paciente lo note, y sienta ganas de defecar. Es frecuente que algunos pacientes con estreñimiento no perciban cuando se distiende el balón, o sea necesario un gran volumen para que lo noten. C. Medición de los movimientos del colon (tiempo de tránsito colónico). Con este estudio se calcula la velocidad con que las heces se mueven a través del colon, conociendo si el tránsito es excesivamente lento o si quedan retenidas en algún segmento determinado. Se realiza tomando unas cápsulas que contienen un número conocido de marcadores que posteriormente podrán localizarse al realizar unas radiografías.

causas estreñimiento

Como decía anteriormente, no es necesario realizar todas estas pruebas para conocer porqué tiene usted estreñimiento, probablemente sea suficiente con una o dos, o quizá ninguna, pero cuanto mejor se conoce la causa de un trastorno con mayor precisión se puede indicar su tratamiento.         

¿Cuál es el mejor tratamiento del estreñimiento?

Actualmente existen numerosos tratamientos (¡probablemente demasiados!)  que se utilizan en el estreñimiento. Ninguno es útil en todos los casos ni en todas las situaciones. El manejo del estreñimiento debe individualizarse ya que los mecanismos por los que se produce son distintos en cada caso, como lo son los efectos de los diferentes tratamientos.

 

El tratamiento del estreñimiento comprende diversas medidas que deben incluir una dieta rica en fibra, una hidratación adecuada, la realización de ejercicio físico, fomentar ir al retrete siempre a la misma hora (preferiblemente tras el desayuno) y, cuando sea necesaria, la ayuda de medicamentos.

Modificaciones en la dieta

Una dieta rica en fibra vegetal provoca un aumento del volumen de las heces, una disminución de su consistencia y una reducción del tiempo en que tardan en atravesar el colon. No obstante, un aporte excesivo de fibra puede incluso empeorar los síntomas al aumentar la sensación de hinchazón abdominal. El aporte recomendable de fibra vegetal es de unos 25-30 gramos/día y se puede dar en forma de salvado de trigo, frutas como las ciruelas o los kivis, o legumbres como las judías verdes o las acelgas.

La ingesta de líquido suficiente favorece una adecuada consistencia de las heces; por el contrario, la ingesta insuficiente favorece la presencia de heces duras y secas. Este hecho es aún más importante cuando se aumenta la ingesta de fibra. Por tanto, se recomienda beber abundantes líquidos, especialmente agua, pero también leche, zumos de fruta, té, caldos, etc.

Adquisición de un hábito deposicional constante

Es importante no ignorar el deseo defecatorio, dedicando el tiempo necesario, y convirtiéndolo en un hábito regular. Asimismo, se aconseja ir al baño siempre a la misma hora, en general después de alguna comida y de una forma tranquila y relajada, sin retrasar en exceso el deseo de vaciar el intestino.

Laxantes

Los laxantes son agentes farmacológicos ampliamente utilizados en el tratamiento del estreñimiento para favorecer la evacuación intestinal. Dentro de la gran variedad de laxantes que existen, los más recomendables son los agentes formadores de volumen (tales como los derivados de la celulosa y las semillas de plantago),  los laxantes salinos (tales como las sales de magnesio), los azúcares no absorbibles (como la lactulosa,  o el lactitol) y el polietilenglicol. Por el contrario, el consumo crónico de laxantes estimulantes o irritantes debe evitarse, ya que pueden dañar el sistema nervioso intestinal y aumentar y perpetuar el estreñimiento.

Laxantes

Reeducación esfinteriana (“biofeedback”)

La reeducación esfinteriana (llamada en inglés «biofeedback«) es una técnica de aprendizaje que se utiliza con éxito en el tratamiento del estreñimiento. El biofeedback se basa en la posibilidad de control por parte del paciente de funciones corporales de las que antes no tenía conciencia. La identificación de una respuesta a una actividad específica en una función que anteriormente se consideraba no controlable permite al paciente practicarla y, por tanto, mejorarla. La información necesaria para realizar el biofeedback se le proporciona al paciente mediante la observación de la función, y su registro, en un monitor de televisión.

El biofeedback está dirigido a mejorar la capacidad de vaciar el recto a voluntad, enseñando al paciente a reconocer la distensión rectal (sensación de deseo defecatorio), a realizar una compresión abdominal adecuada (aumento de la contracción rectal) y a relajar eficazmente el esfínter anal (favoreciendo la expulsión de las heces). Para ello se utiliza una sonda muy delgada (del tamaño de un termómetro) que permite medir los movimientos de la zona durante la defecación; dichos movimientos se muestran al paciente de forma dinámica en un monitor de televisión con el fin de que tome conciencia de las alteraciones y, así, pueda modificarlas.

Apoyo psicológico

Algunos pacientes con estreñimiento, principalmente aquellos con un tránsito normal, tienen una mayor incidencia de trastornos psicológicos que las personas no estreñidas. En estos pacientes la respuesta al tratamiento es peor por lo que se requiere un abordaje terapéutico en el que esté incluido también el apoyo psicológico.

Cirugía

El estreñimiento raramente precisa de tratamiento quirúrgico y este se reserva para casos muy seleccionados que padezcan una disminución muy importante de los movimientos del colon y que no han respondido al tratamiento médico intensivo. En estos enfermos se realiza una colectomía (“quitar el colon”). Dado que se trata de una intervención muy importante y los resultados no siempre son satisfactorios es muy raro que se llegue a practicar esta operación. También se ha sugerido que cortando los músculos del ano (de los esfínteres) se podría mejorar el estreñimiento al disminuir la dificultad de paso de las heces; sin embargo, esta técnica ha dado malos resultados y, en muchos casos, se ha seguido de incontinencia anal (siendo peor el remedio que la enfermedad).

Lo que sí puede precisar tratamiento quirúrgico son las complicaciones debidas al estreñimiento tales como las hemorroides o las fisuras anales.

 

En resumen, hay muchas opciones de tratamiento para el estreñimiento, pero también hay muchos pacientes, …. y cada uno es distinto. El éxito sólo se conseguirá si se prescribe el tratamiento adecuado en el paciente adecuado.  

DIEZ CONSEJOS PARA TRATAR EL ESTREÑIMIENTO

No creo que haya nada en la vida que se solucione sólo aconsejando. Soy un firme defensor de la iniciativa propia y de la fuerza de voluntad. No obstante, un buen consejo es como un buen amigo: no sabemos cuando le vamos a necesitar, pero sabemos que está disponible. Además, como los amigos, siempre ayudan. Por eso me he permitido resumir en diez puntos aquello que creo que le puede ser útil para mejorar su estreñimiento:

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  1. Hacer una dieta rica en fibra.
  2. Beber abundante agua.
  3. Realizar ejercicio físico.
  4. Ir al retrete siempre a la misma hora.
  5. Desayunar algo sólido, algo líquido y algo caliente.
  6. Estar dispuesto a responder a la llamada del intestino.
  7. Levantar un poco las piernas durante la evacuación.
  8. Intentar relajar el ano durante la defecación.
  9. Evitar la automedicación.
  10. Constancia, constancia y constancia.

 

 

Si estos 10 consejos no son suficientes … consulte al médico.

Consejos
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Digestión pesada

Digestión pesada

No es un problema grave, pero si “muy pesado”. 

Dr. Fermín Mearin

Dr. Fermín Mearin

Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

Digestión pesada

Los médicos le llamamos dispepsia 

Comer debe ser un acto placentero, pero para ello la digestión debe producirse de forma correcta. El buen funcionamiento del estómago depende de varios órganos y sistemas que deben trabajar de manera coordinada. Tanto el cerebro, el sistema nervioso autónomo, los propios nervios del estómago, diversas hormonas, y los músculos gástricos, están implicados en el correcto vaciado del estómago.  

Además, en el proceso de la digestión participan muchos factores: el tipo de comida, el ácido gástrico, los movimientos del estómago, etc. Si alguno de estos factores no es el adecuado se producirán síntomas como pesadez tras una comida normal, hinchazón, saciedad excesiva o acidez. A este tipo de molestias los médicos le llamamos “dispepsia”.

¿Qué es?

La Real Academia Española (RAE) define la dispepsia como “la digestión laboriosa e imperfecta de carácter crónico” (no está mal; durante años los médicos lo hemos hecho bastante peor). Esta definición se basa en que etimológicamente el término dispepsia proviene de las palabras griegas «dys» (malo o difícil) y «pepto» (cocer o digerir). Por lo tanto, su significado estricto sería «mala digestión». No obstante, en la actualidad el término dispepsia se utiliza para referirse a síntomas o grupos de síntomas que no necesariamente se relacionan con el proceso de la digestión.

¿Cuáles son las causas más frecuentes?

Las causas de la dispepsia (o de los síntomas del estómago) son muy diversas. Una úlcera, una gastritis, la infección por Helicobacter pylori o, con mucha menor frecuencia un cáncer, pueden producir alteraciones en la digestión (dispepsia). Otras muchas veces no hay una causa orgánica (no se encuentra ninguna de las enfermedades anteriormente mencionadas) y los resultados de las pruebas (análisis, endoscopia, ecografía) son completamente normales. En estos casos el problema puede deberse a tres causas fundamentales: 1. Que el estómago no se mueve de forma adecuada y no sea capaz de vaciar los alimentos a una velocidad normal; 2. Que el estómago se contraiga en exceso, y no sea capaz de relajarse cuando le llega el alimento; y 3. Que, sin existir ninguna lesión evidente, la sensibilidad gástrica sea excesiva. A estos tres tipos de dispepsia se les engloba dentro del término “dispepsia funcional”, porque el estómago “no funciona bien”.

En el origen de la dispepsia funcional con frecuencia están involucrados factores emocionales. De hecho, se sabe que la ansiedad o el estrés pueden disminuir de manera muy importante los movimientos normales del estómago y producir digestión pesada y dolor.

trastornos digestivos

Otras causas de molestias gástricas

Otras veces el origen de las molestias digestivas está fuera del propio tubo digestivo (son las denominadas dispepsias secundarias), y se deben a la toma de ciertos medicamentos (antiiflamatorios, antidepresivos, antihipertensivos, etc.) o a la existencia de otras enfermedades. Entre estas enfermedades cabe destacar a la diabetes y al hipotiroidismo; en ambos casos los movimientos gástricos y el vaciamiento de estómago pueden alterarse. La depresión grave, por si misma, también puede ser una causa de molestias digestivas, así como diversas enfermedades neurológicas (ej.: la enfermedad de Parkinson).

En la diabetes los problemas ocurren porque los nervios que controlan el funcionamiento del estómago (en especial el nervio vago) se ha dañado; al igual que pueden hacerlo los nervios de otros órganos en pacientes con diabetes complicada. Por otro lado, el propio aumento de la glucosa enlentece el vaciado gástrico al actuar sobre algunas sustancias que se encuentran en las neuronas de la pared del estómago. De tal forma, el aumento excesivo de la glucosa favorece la estimulación de dopamina – una hormona que disminuye los movimientos del estómago – mientras que la acetilcolina o la serotonina favorecen estos movimientos.

En el caso del hipotiroidismo son fundamentalmente los factores hormonales los que afectan de manera negativa la adecuada mecánica gástrica. Recordemos que el tiroides es primordial en el control del metabolismo y el funcionamiento de la mayoría de nuestros órganos. Por tanto, cuando en los pacientes con hipotiroidismo se administran los suplentes hormonales precisos el estómago recupera su actividad normal.

Cuando es el cerebro o los nervios periféricos de control los que están afectados por alguna enfermedad lo que falla es, lógicamente, el control neurológico del tubo digestivo. Esto puede ocurrir en la enfermedad de Parkinson, el Alzheimer o tras una trombosis cerebral. El estómago puede no tener ninguna lesión, pero falla porque no recibe los estímulos adecuados desde el sistema nervioso. Es como si en nuestro ordenador se estropease el disco duro; el teclado no funciona, pero no es un problema del teclado.

¿Es grave?

En la mayoría de lo casos la digestión pesada, u otros síntomas de dispepsia, no suponen un problema grave, pero puede ser muy molesto.

Cuando a la digestión pesada se asocian vómitos, dolor intenso o pérdida de peso es fundamental acudir al médico para realizar un diagnostico preciso y un tratamiento eficaz.

¿Tiene tratamiento?

Hacer una dieta equilibrada, evitando los irritantes (alcohol, café, picantes), las comidas grasas, y la fibra difícil de tritura y digerir (especialmente la cruda; ej.: la lechuga) ayudará al paciente. Además, existen medicamentos que sirven para controlar la acidez del estómago y mejorar los movimientos gástricos. Tener en cuenta los aspectos emocionales, y enfocar la mejor forma de controlar sus efectos adversos sobre el tubo digestivo es también un tema importante en los pacientes con dispepsia. En cualquier caso, si las molestias son frecuentes o intensas lo mejor es consultar a un especialista en aparato digestivo.

 

La digestión pesada, u otros síntomas similares, hacen que no se pueda disfrutar de la comida de una forma normal. Mejorar la digestión es, sin duda, una manera de mejorar la calidad de vida.

Tratamiento según las alteraciones fisiopatológicas

Tratamiento según las alteraciones fisiopatológicas
Este es un blog informativo, que no pretende servir de foro interactivo. Lamentamos no poder incluir sus preguntas y comentarios, y responder a sus dudas. Espero que le sea útil y gracias por su colaboración.
Tengo diarrea: ¿Qué será? ¿Qué hago?

Tengo diarrea: ¿Qué será? ¿Qué hago?

Dr. Fermín Mearin

Dr. Fermín Mearin

Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

diarrea

La diarrea crónica es un problema muy frecuente, llegando a afectar al 1-5% de la población. Puede ser aguda o crónica, y deberse a múltiples causas. La diarrea implica, en general, la existencia de una alteración en el transporte de agua y electrolitos. El intestino delgado, y sobre todo el colon, absorben el 99% del líquido procedente de la ingesta y de las secreciones digestivas. Todo ello supone unos 10 litros de fluidos al día, de tal modo que una pequeña reducción de la absorción de agua en el intestino ya puede ser causa de diarrea.

¿Tengo diarrea?

Se considera que una persona tiene diarrea cuando realiza tres o más deposiciones al día, generalmente asociadas a una menor consistencia de las heces (pastosas, blandas o acuosas). A menudo vienen acompañadas de imperiosidad o urgencia defecatoria. Otras definiciones basadas en el peso de las heces (mayor de 200 g/día) son poco prácticas.

Cuando la diarrea dura menos de 4 semanas es considerada como aguda, mientras que si su duración es superior se la clasifica como crónica. Este límite es bastante arbitrario y puede variar dependiendo del caso.

Algunos pacientes presentan un aumento en la frecuencia de las deposiciones pero con una consistencia normal; es la llamada pseudodiarrea. 

Mecanismos por lo que se produce la diarrea

Los mecanismos por lo que se produce la diarrea pueden ser diversos: 1. Presencia de sustancias no absorbibles dentro del intestino que reducen la absorción de agua; es la llamada diarrea osmótica. El ejemplo más claro y frecuente es la malabsorción de azúcares como lactosa, fructosa o sorbitol. Este tipo de diarrea cede con el ayuno. 2.  Alteración en la absorción intestinal por daño de la mucosa, como ocurre en la enfermedad celiaca, o irritación de la misma; se denomina diarrea secretora. 3. Inflamación directa del intestino. Ejemplos típicos son la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, y suelen manifestarse además con la presencia de sangre y moco en las heces; lógicamente es la llamada diarrea inflamatoria, 4. Movimiento excesivamente rápido del tránsito intestinal, como puede ocurrir en algunos pacientes con hipertiroidismo; en esta clasificación es la diarrea motora. Hay que tener en cuenta que esta división es útil desde el punto de vista práctico pero que en muchos pacientes se combinan varios mecanismos.

¿Cuál puede ser la causa de mi diarrea?

Como se ha dicho anteriormente las causas de diarrea son múltiples. Es importante establecer un diagnóstico correcto para realizar un diagnóstico apropiado. Por tanto, acudir a un buen médico es fundamental. No es cuestión de asustarse pero no deje pasar excesivo tiempo si padece una diarrea crónica.

No obstante, aquí se muestran algunas pistas que pudieran ser orientativas:

La edad es un factor a tener en cuenta. La probabilidad de que la causa de la diarrea sea un tumor es mayor a partir de los 50 años. Sin embargo, entre adolescentes y jóvenes es fundamental investigar si el origen es una malabsorción o un exceso de azúcares fermentables: refrescos sin azúcar que contienen jarabe de maíz o fructosa y/o dulces, chicles y golosinas “que contienen sorbitol.

 Las causas de diarrea también varían dependiendo del género. En la mujer es más frecuente el síndrome del intestino irritable, la enfermedad celiaca y la colitis microscópica.

Ciertos alimentos pueden inducir diarrea, ya sea por malabsorción (lactosa, fructosa, sorbitol) o por abuso (cafeína, alcohol, fructosa, sorbitol). A veces es muy fácil establecer una relación entre la ingesta de estos alimentos y la aparición de los síntomas, pero otras no lo es tanto.

El tabaco aumenta el riesgo de cáncer de colon y de páncreas, así como de colitis microscópica. El abuso de alcohol también puede estar involucrado en casos de diarrea crónica.

Aquellas personas que han sido operadas de la vesícula biliar, o han tenido otras cirugías digestivas, sufren con mayor frecuencia diarrea. En el caso de la radioterapia, las lesiones intestinales y sus manifestaciones pueden aparecer años después de la irradiación.

Muchos medicamentos pueden producir diarrea. Entre ellos cabe destacar: antibióticos, antiinflamatorios, colchicina (para la gota), metformina (antidiabético oral), olmesartan (antihipertensivo), sertralina y otros antidepresivos, etc. Es fundamental establecer una relación temporal entre el inicio de la toma de un nuevo fármaco y la aparición de la diarrea.

¿Me tengo que hacer pruebas?

Dependiendo de las características de la diarrea, de su gravedad, de la edad del paciente y de la presencia o ausencia de factores de riesgo el médico pedirá unas u otras pruebas para conocer su causa. Muy probablemente se prescribirá un análisis de sangre que aportará datos sobre el impacto de la diarrea en el estado general y ofrecerá pistas sobre su diagnóstico. Si existe sospecha de enfermedad celiaca se añadirán pruebas para descartarla o confirmarla.

Realizar una colonoscopia será adecuado si el paciente tiene más de 50 años, existen antecedentes familiares de cáncer de colon, hay sangre en las deposiciones o existen síntomas de alarma tales como anemia, pérdida de peso, o algún hallazgo sospechoso en la exploración física. En otros casos, la determinación en las heces de una proteína procedente de los leucocitos (calprotectina) es de gran utilidad para conocer si hay o no inflamación intestinal; en el caso de estar elevada hay que realizar la colonoscopia.

La posibilidad de que la diarrea sea de origen infeccioso es mucho menor en la crónica que en la aguda. No obstante, es útil hacer análisis en heces para buscar  Giardia lamblia u otros parásitos. En raras ocasiones pueden encontrarse Campylobacter o Salmonella como origen de una diarrea persistente.

En cualquier caso, es el médico el que, de acuerdo a las características del paciente y del proceso diarreico, debe indicar las pruebas a realizar en casa caso.

¿Qué hacer en un caso de diarrea crónica?

La diarrea persistente es un motivo claro para acudir al médico. Esto no quiere decir que todas las causas de diarrea crónica sean peligrosas, pero seguro que alteran la calidad de vida. Es prioritario buscar un diagnóstico certero y un tratamiento adecuado. Estos serán diferentes si dependiendo de si se sospecha o no una patología orgánica o un trastorno funcional. En cualquiera de los casos, el manejo debe de ser integral y requiere una adecuada valoración de aspectos físicos, psicológicos, de estilo de vida y necesidad de tratamiento.

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Intolerancia a la lactosa

Intolerancia a la lactosa

¿La lactosa es buena o mala? 

Dr. Fermín Mearin

Dr. Fermín Mearin

Director del Servicio de Aparato Digestivo, Centro Teknon, Barcelona

¿Cuál es la diferencia entre malabsorción e intolerancia a la lactosa? 

La malabsorción de lactosa (también llamada hipolactasia) es la consecuencia de una disminución de la capacidad del intestino para digerir completamente la lactosa, y es debida a la deficiencia en la enzima necesaria para tal función: la lactasa. Existen dos tipos fundamentales de malabsorción de lactosa en función de su origen.

  1. La deficiencia primaria de lactasa o hipolactasia del adulto tiene origen genético. Es el tipo más frecuente y es permanente. Su frecuencia varía según los países y el origen étnico; en este tipo, la lactasa va disminuyendo progresivamente, pero no hay un patrón conocido para establecer el momento en el que la actividad enzimática comienza a disminuir.
  2. La deficiencia secundaria de lactasa está causada por alguna lesión en la mucosa intestinal. Se da en individuos con una capacidad de síntesis de enzima normal en los que se produce una alteración del intestino. Entre sus causas está la enfermedad celiaca, la enfermedad de Crohn, las gastroenteritis graves, las enteritis inducidas por radioterapia, etc. En estos procesos se conserva generalmente la capacidad de restaurar la actividad de la lactasa una vez desaparecida la causa subyacente; por lo tanto, es reversible.

Por otra parte, la intolerancia a la lactosa consiste en la aparición de síntomas gastrointestinales tras la ingesta de leche o productos lácteos. Los síntomas más comunes son: diarrea, dolor abdominal, distensión abdominal, hinchazón y gases. Otros síntomas, aunque mucho menos frecuentes, incluyen náuseas y vómitos, dolores de cabeza, mareo, cansancio, dolor muscular o sinusitis; síntomas que en ningún caso son específicos de la intolerancia a la lactosa.

Frecuencia de malabsorción de lactosa en distintos países del mundo

¿Existen diferentes grados de intolerancia a la lactosa?

La intensidad de los síntomas por intolerancia a la lactosa es diferente de unos individuos a otros, y depende de factores como la cantidad de lactosa ingerida y la frecuencia de dicha ingesta, la concentración de lactasa, la edad, el grupo étnico, la velocidad del vaciamiento gástrico, la sensibilidad intestinal, y la microbiota. Esto explica por qué hay personas que tras consumir pequeñas cantidades de lácteos presentan síntomas y otras sin embargo necesitan cantidades mayores para tener los mismos síntomas.

¿Cómo es de frecuente la malabsorción de lactosa?

Se calcula que en todo el mundo aproximadamente el 70 % de la población es lactasa no persistente, es decir, tendrá malabsorción de lactosa a partir de un determinado momento de su vida. Es extraordinariamente frecuente en las poblaciones de origen africano y asiático: superior al 70%.

Aunque en Europa la frecuencia de hipolactasia primaria no es tan alta como en otras zonas del mundo el problema es importante. A diferencia de los países con alta prevalencia, como Japón y China, en nuestra cultura la lactosa está presente en la dieta de modo generalizado. En España se estima que la prevalencia de la malabsorción de lactosa primaria en adultos es del 20-25%.

¿Qué importancia tiene la malabsorción de lactosa?

La malabsorción de lactosa, y consecuentemente su intolerancia, pueden ser un problema médico por dos razones fundamentales. Primero, la dieta está ancestralmente adaptada a los tolerantes a la lactosa, proviniendo de los lácteos una parte significativa de los nutrientes esenciales de una dieta equilibrada, como es el calcio, la vitamina D, la riboflavina, las proteínas, etc.; como se ha dicho anteriormente, esta situación no se da en el continente asiático, pues su dieta está adaptada a los intolerantes a la lactosa. En segundo lugar, la lactosa está presente en infinidad de productos más allá de los lácteos, como helados, salsas, carnes procesadas, margarinas, fiambres, embutidos, comidas preparadas, etc.

En consecuencia, la importancia de la malabsorción de lactosa proviene de diversas circunstancias: hay muchas personas que conviven de modo permanente con síntomas que repercuten negativamente en su calidad de vida; en ocasiones, y debido a las molestias persistentes, se realizan múltiples pruebas diagnósticas para descartar otras patologías digestivas, como consecuencia de la poca especificidad de los síntomas; se puede llegar a un desequilibrio en la dieta en aquellas personas que eliminan los lácteos, y no reajustan su forma de comer.

¿Por qué se producen los síntomas de intolerancia a la lactosa?

La intolerancia a la lactosa es la respuesta sintomática tras la ingesta de productos lácteos en pacientes con malabsorción de lactosa. Cuando existe un déficit de lactasa, la lactosa no digerida llega al colon y es fermentada por las bacterias, produciendo hidrógeno, metano y dióxido de carbono; esta flora; en algunos casos es hiperproductora de hidrógeno, lo que hace que la intolerancia sea más acusada. Esta fermentación también produce ácidos grasos de cadena corta, que disminuyen el pH intestinal. La consecuencia de ambos procesos es el aumento de gases, flatulencia y diarrea.

Otros factores que favorecen la aparición de molestias en los pacientes con malabsorción de lactosa son la hipersensibilidad intestinal, fenómenos de microinflamación y, en algunos casos, a otros componentes de los lácteos. Así, algunos pacientes padecen una alergia a caseína y/u otros componentes de la leche que, en parte, provoca síntomas similares, pero con una etiología totalmente diferente e independiente de la lactosa.

¿Qué síntomas hacen sospechar una posible malabsorción de lactosa?

Los síntomas más frecuentes que hacen sospechar de una malabsorción de lactosa son: meteorismo, flatulencias, hinchazón abdominal, dolor cólico abdominal, borborigmos, vómitos y diarrea. Si el paciente es intolerante, esta sintomatología suele presentarse a partir de los 30 minutos después de la ingesta de lactosa y puede durar hasta 6-12 horas, pero no siempre es fácil encontrar esa asociación de modo suficientemente claro ni por el paciente ni por el profesional.

¿Cuáles son las consecuencias clínicas de una dieta de exclusión de lactosa?

La exclusión de la lactosa de la dieta de los intolerantes produce mejoría clínica a corto plazo. Sin embargo, una dieta de exclusión prolongada, sin un ajuste adecuado, implica un déficit en la ingesta recomendada de otros nutrientes, como el calcio. De aquí la importancia de no retirar completamente los lácteos, pues es sabido que la mayoría de los intolerantes a la lactosa pueden digerir una cierta cantidad de este azúcar sin aparición de síntomas.

Además, recientemente se ha comprobado que la lactosa que no se hidroliza en el intestino delgado es necesaria para mantener una microbiota intestinal sana y mejorar el sistema inmune.

Una dieta de exclusión de lactosa solo estaría recomendada en aquellos casos en los que la intolerancia a la lactosa es secundaria a otras patologías digestivas, previamente confirmadas, y en aquellos individuos hipolactásicos intensos y con una sensibilidad muy alta a la lactosa. En el primer supuesto el tratamiento consistiría en una retirada temporal, y en el segundo, al ser definitiva, se recomendaría una dieta reforzada para asegurar una ingesta adecuada de calcio.

¿Cuáles son las pruebas disponibles para el diagnóstico de malabsorción de lactosa?

La malabsorción de lactosa sigue estando infradiagnosticada, debido a que sus síntomas son inespecíficos y comunes a otras patologías digestivas. Además, se manifiesta de forma muy variable en los distintos pacientes.

En la actualidad, el diagnóstico a los pacientes con sospecha de intolerancia a la lactosa se realiza mediante los siguientes métodos:

  1. Midiendo la actividad de la lactasa de modo directo en una muestra de mucosa intestinal, obtenida mediante biopsia. Tiene las desventajas de la invasividad, el coste, y que, debido a la expresión parcheada de la lactasa en el intestino delgado, puede tomase la biopsia de una zona que no sea indicativa del proceso general.
  2. Midiendo de forma indirecta las consecuencias de la deficiencia de lactasa. Estos métodos se basan en la administración de una sobrecarga de lactosa y determinar su absorción ya sea mediante una prueba del aires espirado o determinando en la orina o en la sangre glucosa o galactosa (productos resultantes de la hidrólisis de la lactosa por la lactasa).
  3. Analizando en sangre una o varias de las mutaciones en la región reguladora del gen de la lactasa intestinal. Este método mide la predisposición a la deficiencia de lactasa, no puede diagnosticar hipolactasias secundarias, ni tampoco intolerancia a la lactosa.
  4. Midiendo los niveles de lactasa intestinal mediante la administración oral de Gaxilosa (un disacárido sintético que se hidroliza por acción de la lactasa en dos productos: galactosa y xilosa) y la determinación de xilosa en la orina. Este método está contraindicado en pacientes con insuficiencia renal grave y aún no está autorizado en población pediátrica.
  5. Evaluando qué ocurre con los síntomas al retirar la lactosa de la dieta durante dos semanas, y volverla a tomar posteriormente. Se utiliza en aquellos centros donde no se dispone de equipamiento diagnóstico, pero es muy imprecisa.

Como la vida misma: dos mensajes prácticos.

Cuando pregunto a mis pacientes si toman lactosa, a veces me dicen “No, ya he notado que me sienta mal. Siempre tomo leche sin lactosa”.  “¿Y queso?”, insisto yo. “Queso sí” me responden. “Ah, quizá es por eso que se sigue sintiendo mal” les digo entonces.

Recuerde, no sólo hay lactosa en la leche también en otros muchos productos, y especialmente el queso.

Por otro lado, cuando prescribo un medicamento es frecuente que me digan: “Doctor, recuerde que tengo malabsorción de lactosa, no vaya a tenerlo ese comprimido o cápsula”. Aquí hay recordar que la intolerancia a la lactosa se debe a su malabsorción y no a una alergia. Por tanto, las molestias dependen de la cantidad ingerida. La cuantía de lactosa de los medicamentos es tan pequeña que, salvo en casos muy excepcionales, no debe producir síntomas. Hasta hay un estudio que así lo demuestra:

La lactosa está presente en varios productos derivados de la leche.

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